En el baloncesto de hoy los pívots tienen su importancia pero sin los pequeños que la mueven de cine y que se juegan la mayor cantidad de posesiones los equipos no tienen nada que hacer. Sí, es cierto que en la actualidad, desde que los Golden State Warriors crearon una dinastía con Stephen Curry en la pista y Steve Kerr en la banda, el triple es de colosal importancia. Pero esto ahora lo ve cualquiera. Casi que lo vería la portera de Núñez, que diría aquel. Lo visionario, lo inmenso, era imaginarlo hace más de 30 años. Y no solo pensarlo sino atreverse a llevarlo a cabo.
Fue tres veces entrenador del año y campeón del mundo, además de ser uno de los técnicos más influyentes
En el baloncesto de hoy los pívots tienen su importancia pero sin los pequeños que la mueven de cine y que se juegan la mayor cantidad de posesiones los equipos no tienen nada que hacer. Sí, es cierto que en la actualidad, desde que los Golden State Warriors crearon una dinastía con Stephen Curry en la pista y Steve Kerr en la banda, el triple es de colosal importancia. Pero esto ahora lo ve cualquiera. Casi que lo vería la portera de Núñez, que diría aquel. Lo visionario, lo inmenso, era imaginarlo hace más de 30 años. Y no solo pensarlo sino atreverse a llevarlo a cabo.
Eso es lo que hizo el inefable entrenador estadounidense Don Nelson, que falleció este domingo a los 86 años. Un adelantado a su tiempo, uno de los técnicos más influyentes de la NBA en cuanto a filosofía y estilo de juego.
Se inventó un baloncesto solo aptó para bajitos que volvía locos a los rivales al mando de los Warriors
Y sí, sus Warriors, los de principios de los 90, no ganaron el anillo de campeón pero jugaban el baloncesto más bonito y entretenido de esa época. Los Lakers del showtime de los 80, los de Magic Johnson y los trajes de Pat Riley, mezclaban contraataque, talento y victorias, y tenían también a Abdul-Jabbar como hombre grande, pero es que Nelson un buen día decidió que los pívots no debían existir en su equipo. Juntó a pequeños talentosos como Tim Hardaway (padre del actual jugador), Mitch Richmond, Chris Mullin (campeón olímpico en Barcelona’92) y Sarunas Marciulionis y enhebró un conjunto de bajitos que marcó tendencia.
Un total de 1.335 victorias en la fase regular le contemplan, sumados sus triunfos con los Bucks, los Mavericks, los Knicks y los Warriors. Solo Gregg Popovich (1.390) le ha superado después. Nelson fue elegido tres veces entrenador del año. En 1994 dirigió al equipo de Estados Unidos para que lograra el oro en el Mundial, en lo que se conoció como el Dream Team II.
Como jugador acumuló cinco anillos en las filas de los Celtics
“Nellie fue uno de los entrenadores más innovadores. Fue un auténtico visionario. Hizo del juego algo diferente y nunca tuvo miedo de desafiar los pensamientos convencionales. Su baloncesto pavimentó el camino de entrenadores y jugadores que le siguieron”. Así le despidió Golden State con un emotivo comunicado.
Pero antes que entrenador Nelson fue un laureado jugador. Tras graduarse en la Universidad de Iowa terminó recalando en los Lakers. Pero el equipo angelino le cortó y se fue a los Celtics. En aquella época de finales de los sesenta y principios de los setenta el conjunto de Boston era el auténtico ogro de la NBA y defendiendo a los orgullosos verdes Nelson acumuló hasta cinco anillos de campeón. En los Celtics estuvo once años y le retiraron la camiseta con el dorsal 19, algo que no puede decir cualquiera. Paradójicamente sus éxitos como jugador llegaron en la que quizás es la franquicia más ortodoxa de todas. Como técnico su baloncesto se alejaría de los cánones para tener un sello intransferible.
Con todo merecimiento ingresó en el Salón de la Fama del baloncesto estadounidense.
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