La elección de candidatos demócratas críticos con Netanyahu coincide con el bloqueo político abierto tras las legislativas israelíes del 27-O Leer La elección de candidatos demócratas críticos con Netanyahu coincide con el bloqueo político abierto tras las legislativas israelíes del 27-O Leer
En medio de una gran crispación y centrada en encontrar la fórmula para desatascar el bloqueo creado tras las elecciones del 27 de octubre, la clase política israelí ha recibido con preocupación la victoria de una serie de candidatos a las dos Cámaras del Congreso que hicieron de su agenda contra Israel una de sus grandes banderas. El ejemplo más conocido es el futuro senador por Míchigan, Abdul El-Sayed, en un país donde el estatus y la imagen de israelíes sufren un importante deterioro en los últimos años.
La ola azul puede acabar sintiéndose tarde o temprano en Israel. A partir de enero, el liderazgo -ya sea el actual primer ministro Benjamin Netanyahu, el dirigente Gadi Eisenkot o los dos juntos- deberá lidiar con una nueva y más compleja situación en los centros de poder de la nación más decisiva para la seguridad y las relaciones internacionales de Israel, tras unos comicios que sirven como aviso de lo que puede suceder en dos años en la Casa Blanca.
Una semana después de ganar las elecciones, pero perder la mayoría en el Parlamento y quizá también el Gobierno, Netanyahu ve cómo su estrecho aliado, el presidente Donald Trump, recibe un duro castigo. De momento, mantiene silencio, preguntándose quizá, como todos, cómo influirá el resultado electoral en su actitud ante Irán. Mientras el régimen iraní celebra el revés de Trump, Israel está pendiente de si decide a corto plazo lanzar una nueva ofensiva, apostar por otro acuerdo o continuar el tenso statu quo.
Al frente del partido Democratim (el exponente sionista de izquierdas en la Knésset), Yair Golan ha sido de los pocos dirigentes en referirse de forma pública este miércoles por la mañana a las midterms. Según él, «los resultados revelan hasta qué punto Netanyahu es tóxico tanto entre los demócratas como entre los republicanos».
«Yo advierto: la continuación de los mandatos de Netanyahu y Ben Gvir podría llevar a Israel a un camino de sanciones internacionales, aislamiento internacional y confrontación con Estados Unidos, nuestro amigo y aliado más importante», añadió. Precisamente, en la primera jornada de consultas del presidente Isaac Herzog con los partidos elegidos para el nuevo Parlamento, Golan ha vuelto a pedir a sus compañeros del bloque formar «ahora el Gobierno del Cambio». Uno de sus diputados, Gilad Kariv, ha añadido que «quien sigue hablando de un Gobierno de unidad con Netanyahu, no entiende los resultados en las elecciones en Israel y en Estados Unidos».
En el último año, Israel lamenta la pérdida del tradicional y sólido apoyo bipartidista ante las voces cada vez más críticas en los dos grandes partidos en Estados Unidos. Esta tendencia está vinculada a movimientos internos estadounidenses (demográficos, políticos, ideológicos, etc.), pero también a varios factores impopulares: la masiva ofensiva en la Franja de Gaza en respuesta al ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, la guerra conjunta contra la República Islámica de Irán lanzada el pasado 28 de febrero por Trump y Netanyahu, los casos de violencia de extremistas israelíes en Cisjordania, la composición y las declaraciones del Gobierno israelí, la figura de Netanyahu, así como su polémico discurso en el Congreso en Washington contra el acuerdo nuclear iraní del presidente Barack Obama en 2015 y su plena identificación con Trump. Una conexión que llevó al presidente a pedir el voto por Bibi en un hecho sin precedentes en la historia de los dos países.
Varios comentaristas locales avisan que el problema no es que el odio a Israel se comparta en los extremos de la izquierda y la derecha, sino el descenso del respaldo en el mainstream de Washington.
Desde el punto de vista israelí, la gran sorpresa de la jornada del 3 de noviembre no ha sido la clara victoria de los demócratas, sino el anuncio de Trump, que citó un acuerdo con Netanyahu para justificar la decisión de cesar la asistencia militar y económica de 3.800 millones de dólares anuales antes de que en 2028 expire el acuerdo de 10 años firmado por Obama. Más allá de la evidente preocupación ante el agujero presupuestario que puede crear la ausencia de una ayuda que también se destina a las industrias de Defensa estadounidenses, el timing del anuncio es igual de inquietante para los israelíes.
El hecho de que Trump lo anunciase, alegando, entre otros motivos, que Israel ya es un país próspero, en plena jornada electoral, es interpretado como una confirmación más de que la ayuda a su gran aliado en Oriente Próximo ya no es popular.
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