Elon Musk pisa el acelerador con su Starship. Su nave estrella, la más grande de la historia, entró por primera vez en órbita este lunes; y su compañía espacial, SpaceX, ya tiene autorización de la administración federal de EE UU para que, si quiere, pueda agilizar la actual fase de pruebas y lanzarla dos veces más en octubre. Y Musk no pretende quedarse ahí: “En dos o tres años, despegará una Starship cada hora”, declaró la semana pasada en su red social X.
SpaceX se va a centrar solo en su megacohete, para ampliar su red Starlink y llevar al espacio sus centros de datos de IA, antes que en viajar a la Luna o lanzar satélites para otras empresas
Elon Musk pisa el acelerador con su Starship. Su nave estrella, la más grande de la historia, entró por primera vez en órbita este lunes; y su compañía espacial, SpaceX, ya tiene autorización de la administración federal de EE UU para que, si quiere, pueda agilizar la actual fase de pruebas y lanzarla dos veces más en octubre. Y Musk no pretende quedarse ahí: “En dos o tres años, despegará una Starship cada hora”, declaró la semana pasada en su red social X.
Es lo que el magnate tecnológico necesita para ampliar su red Starlink hasta los 100.000 satélites girando alrededor de la Tierra junto con los centros de datos espaciales que ya está fabricando. Es su plan para dominar el cielo. Acostumbrada a sus picos de euforia y a sus promesas con plazos poco realistas sobre colonias humanas en Marte y la Luna, la industria espacial cree que tardará más tiempo en conseguir que Starship esté operando a pleno rendimiento. Pero Musk lo considera inminente: SpaceX ya planea retirar en 2028 los cohetes Falcon 9 que ahora usan múltiples agencias espaciales y empresas para casi todos sus lanzamientos. “La posibilidad de perderlos ya genera pánico entre operadores de satélites”, según Caleb Henry, director de investigación de la consultora espacial Quilty Space, quien ha declarado a la CNN que el sector teme que el acelerón de Musk con Starship suponga para el resto un frenazo en los lanzamientos. Una crisis que deje tocados desde a pequeñas startups hasta a la NASA, antes todopoderosa.
Y es que, de los 325 lanzamientos al espacio en todo el mundo en 2025, SpaceX realizó más del 50%. Todos ellos con sus cohetes Falcon 9, de los que además tiene un modelo especial para colocar en órbita cargas más pesadas (los Falcon Heavy). Un ejemplo de este dominio ha tenido lugar este jueves 1 de octubre, cuando en solo 13 horas la compañía de Musk realizó tres lanzamientos: primero partió por la mañana desde Cabo Cañaveral (Florida) un equipo de cuatro astronautas hacia la Estación Espacial Internacional; a continuación, en la otra punta de EE UU, otro Falcon 9 despegó desde una base espacial en California con el primer centro de datos orbital para IA de Google, y aprovechó el viaje para llevar al espacio otras 129 cargas menores de multitud de empresas; y de vuelta a Florida, al filo de la medianoche, SpaceX lanzó un Falcon Heavy para desplegar un satélite espía del Gobierno estadounidense.
Todo esto era impensable hace apenas una década y ninguna agencia espacial ni empresa privada lo había conseguido; además, SpaceX lo hace a un precio accesible para sus clientes. Pero Musk quiere seguir abaratando aún más los costes (que siguen siendo astronómicos) que tiene subir al espacio tanto satélites como astronautas y sondas robóticas científicas. Y su fórmula es usar un cohete mucho más grande, Starship, que además sea completamente reutilizable: él lo define como “el santo grial de los cohetes”. Ahora, SpaceX solo recupera la parte inferior de cada Falcon —el propulsor principal, que se reutiliza hasta en docenas de misiones—, mientras que la etapa superior se desintegra al reentrar en la atmósfera tras haber dejado su carga girando alrededor de la Tierra.
El sector espacial teme que este abaratamiento beneficiará inicialmente solo a SpaceX. Tras un largo período de pruebas que comenzó en 2023, Starship se prepara para tomar el relevo, después de alcanzar este lunes la órbita terrestre y desplegar allí 26 satélites Starlink. Es el primer paso para hacer realidad el lucrativo sueño del hombre más rico del mundo: llevar a otro nivel su red Starlink, que es su principal fuente de ingresos, muy por encima de los encargos de otros clientes como Google o la mismísima NASA.
¿Cuáles son los siguientes pasos para hacer viable Starship?
Pese a haber marcado un hito histórico en la carrera espacial con su primer vuelo orbital, hoy por hoy Starship sirve únicamente para desplegar satélites Starlink. Es solo un gigantesco dispensador desechable de esos artefactos en concreto. Para adaptarlo a las necesidades de otros clientes, habría que diseñar y fabricar otras versiones de la nave. Pero Musk tiene antes otros objetivos: en los siguientes vuelos, quiere que Starship ya se convierta en reutilizable.
Eso pasa por recuperar con una gigantesca pinza robótica la nave, que ahora acaba sus viajes posándose en el océano (y a continuación, explotando). En 2024 ya logró recuperar así la parte inferior del colosal cohete, su propulsor llamado Super Heavy. El magnate ha prometido que, a principios de 2027, no solo recuperará en cada vuelo las dos partes de Starship, sino que luego, en posteriores ensayos, volverá a enviar al espacio tanto la nave como el propulsor que recupere. Para cumplir esa promesa, lo primero que necesita hacer es aumentar mucho la frecuencia de estos vuelos de prueba, lanzando varios cada mes.
Ahora transcurren dos meses entre cada ensayo. Cuando Starship comenzó a completar vuelos suborbitales, en 2024, Musk culpaba al gobierno de Joe Biden de no tener autorización para poder volar cada vez que tenía lista una mejora. Sin embargo, desde que Donald Trump es presidente de EE UU, los avances de Starship se han estancado durante casi dos años —encadenando, además, accidentes y explosiones a principios de 2025— y no ha vuelto a recuperar la agilidad de lanzamientos que tenía justo al final del mandato de Biden, cuando pasaron solo 37 días entre las exitosas pruebas 5 y 6 del megacohete.
¿Estará lista Starship para Artemis 3?
Cuando Trump llegó al poder, en enero de 2025, los planes de la NASA eran que la misión Artemis 3 llevase a la primera mujer a pisar la Luna a mediados de 2027. Ahora la fecha se mantiene, pero todo lo demás ha cambiado. No irá ninguna astronauta y esta misión ya no va a ir a la Luna, sino que transcurrirá por completo en una órbita baja de la Tierra, a pocos cientos de kilómetros sobre la superficie de nuestro planeta. La agencia espacial estadounidense tomó en marzo la decisión de cambiar el destino de la misión por el estancamiento de Starship.
Para participar con éxito en esa misión, Starship necesitará estar acoplada durante un día entero a la cápsula Orion en la que viajarán cuatro astronautas. Y en su más reciente prueba, la nave de Musk alcanzó por fin la órbita terrestre, pero no llegó a estar ahí ni tres horas, cuando el objetivo era permanecer 10 horas y completar seis vueltas alrededor de la Tierra. El control de misión de SpaceX decidió bajar la nave en su segunda vuelta, porque uno de sus motores se había apagado antes de tiempo durante la subida de la nave al espacio. Desde su estreno en mayo, los motores Raptor de tercera generación han dado algún fallo en todos sus vuelos. Su diseño, muy simplificado, dificulta modificarlos en busca de soluciones. Y la NASA no va a aceptar que los problemas de fiabilidad de sus motores pongan en riesgo la misión y la vida de sus tripulantes. Starship aún no está preparada para participar en Artemis 3 y es difícil saber cuándo lo estará.

El sector espacial da por hecho el retraso de esta misión, y la agencia espacial de EE UU no confía solo en SpaceX como compañera de viaje: ha invitado también a la compañía Blue Origin, propiedad de otro gran magnate tecnológico, Jeff Bezos. El actual plan, muy poco detallado aún para una expedición tripulada prevista en menos de un año, consiste en primero lanzar la nave de Bezos, la Blue Moon, que esperará en órbita a la Orion de la NASA con los cuatro astronautas. Y cuando ambas hayan concluido su acoplamiento, se lanzaría la Starship de Musk para reunirse también con la cápsula lunar. En total, serían dos semanas de operaciones. “Artemis 3 requiere un baile con una coreografía muy precisa entre múltiples naves y lanzamientos. Será una de las misiones más complejas y ambiciosas de nuestra historia”, ha declarado Jeremy Parsons, director del programa Artemis.
¿Y cuándo podrá viajar a la Luna?
Si no es posible saber cuándo tendrá unos motores fiables, mucho más incierto aún es cuándo estará lista para la misión Artemis 4. Para que una Starship pueda viajar a la Luna, ha de superar antes un reto tecnológico aún mucho mayor: repostar en la órbita terrestre. Tendrá que llenar sus gigantescos depósitos con el combustible que le suban allí otras Starships (se calcula que entre 15 y 20 naves). Nunca se ha hecho algo semejante en la historia de la carrera espacial. SpaceX primero prometió que lo haría en 2025, luego lo retrasó a 2026. Ahora mismo ya no tiene planes para hacer en 2027 el primer intento de demostrar que eso es técnicamente posible.
Además, esa Starship con destino a la Luna tendría que tener una cabina para la tripulación y estar homologada para llevar astronautas. Esa nave aún no se ha fabricado y, además, la certificación de naves para uso humano es un proceso largo que lleva años. La actual fecha de lanzamiento de Artemis 4, en 2028, es altamente improbable y lo normal es que sufra importantes retrasos, como ha pasado con las anteriores misiones de este programa lunar.
Más incertidumbre para la estación espacial
La agencia espacial de EE UU ha externalizado a empresas privadas tanto los aterrizajes en la Luna como el transporte de astronautas a la Estación Espacial Internacional (ISS). SpaceX es el primer proveedor para ambas tareas y las alternativas están muy verdes. Ahora mismo, SpaceX y sus cápsulas Dragon son la única manera que tiene de llegar allí. Pero estas naves despegan sobre los Falcon 9.
“No creo que sea ningún secreto que SpaceX tiene la intención de retirar progresivamente plataformas más antiguas como Falcon y Dragon, a medida que concentra sus esfuerzos en su sistema de nueva generación, Starship”, ha declarado precisamente esta semana Jared Isaacman, el administrador de la NASA. Y si Elon Musk cumple ese plan, puede dejar a la NASA sin naves para viajar a la ISS. Para responder a ese vacío, la agencia espacial acaba de anunciar que retoma su proyecto con Boeing para transportar astronautas a la estación espacial en naves Starliner, como la que falló en 2024 y dejó atrapados en la ISS durante meses a dos astronautas.
Tras dos años de trabajos de la agencia espacial y Boeing para solucionar los problemas de Starliner, está prevista una primera prueba no tripulada en los próximos meses. Si tiene éxito, Isaacman cuenta con poder mandar en esa nave astronautas a la estación espacial en 2028. El mismo año en que, además, la NASA quiere reconquistar la Luna y en que Musk, por su cuenta, quiere revolucionar de nuevo la industria espacial.
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