
La tecnología tiene un efecto paradójico: ofrece resultados que satisfacen nuestros deseos mermando nuestras habilidades. La agricultura proporcionó cantidades ingentes de alimentos, haciendo que los humanos dejaran de reconocer infinidad de vegetales comestibles, el GPS hace que todo el mundo llegue a tiempo hasta a los lugares más difíciles, pese a ser la generación menos orientada de la historia, y la escritura mermó la capacidad de memorizar. Ahora, un grupo de 25 ganadores de la medalla Fields (el Nobel de las matemáticas) advierte en una carta de que la inteligencia artificial puede ampliar el impacto de corrosión de las capacidades humanas a través de resultados irrefutables en las matemáticas, una de las más excelsas actividades humanas, vaciándolas de sentido.
Veinticinco medallas Fields y algunos de los matemáticos más importantes del mundo reivindican la importancia del proceso humano de descubrimiento más allá de los resultados
La tecnología tiene un efecto paradójico: ofrece resultados que satisfacen nuestros deseos mermando nuestras habilidades. La agricultura proporcionó cantidades ingentes de alimentos, haciendo que los humanos dejaran de reconocer infinidad de vegetales comestibles, el GPS hace que todo el mundo llegue a tiempo hasta a los lugares más difíciles, pese a ser la generación menos orientada de la historia, y la escritura mermó la capacidad de memorizar. Ahora, un grupo de 25 ganadores de la medalla Fields (el Nobel de las matemáticas) advierte en una carta de que la inteligencia artificial puede ampliar el impacto de corrosión de las capacidades humanas a través de resultados irrefutables en las matemáticas, una de las más excelsas actividades humanas, vaciándolas de sentido.
La carta es una respuesta ante el que parece el primero de varios anuncios de avances realizados por la IA en la resolución de algunos de los problemas más complicados de las matemáticas. El pasado martes 8 de septiembre, OpenAI afirmó que había resuelto las ecuaciones de Navier-Stokes, uno de los Problemas del Milenio que el Instituto Clay de Matemáticas seleccionó en el año 2000 como los rompecabezas matemáticos más difíciles e importantes.
La carta advierte de que la forma de trabajar que proporcionó estos resultados espectaculares confunde el medio con el fin. “Resolver problemas es solo una herramienta y un vehículo para alcanzar el objetivo principal de comprensión conceptual y el conocimiento profundo”, escriben. Para los matemáticos, resolver estos problemas famosos nunca fue el objetivo en sí, sino una señal de que había ideas y métodos nuevos que merecía la pena estudiar, discutir y transmitir. Según ellos, “la producción masiva, a un ritmo cada vez más rápido, de afirmaciones de verdadero o falso podría destruir el terreno fértil en lugar de dar vida a nuevas ideas”.
Otro de los problemas señalados por los ganadores de la medalla Fields es que se rompe la cadena de transmisión de conocimiento, una preocupación compartida por intelectuales en otras áreas. Las matemáticas, como otras disciplinas académicas, avanzan mediante el intercambio de ideas en charlas y discusiones y en la formación de estudiantes que reciben la antorcha del conocimiento para seguir avanzando hacia lo desconocido. “Sin la voluntad de los matemáticos que deben encargarse de su desarrollo e integración en el canon matemático, las ideas concebidas por la IA nunca cobrarían vida por completo y se perdería la cadena de transmisión humana crucial entre los matemáticos”, advierten.
También critican la forma en que se anuncian los resultados dentro de la carrera frenética por la hegemonía de las compañías que están desarrollando la inteligencia artificial. “A menudo, estas soluciones se anuncian a toda prisa, lo que no deja tiempo para una redacción adecuada, el aislamiento de nuevos métodos e ideas, ni la citación del trabajo previo relevante de otros. Al igual que en todas las profesiones creativas, esto plantea graves dilemas de atribución y plagio”, apuntan.
La resolución de las ecuaciones de Navier-Stokes ha sido un ejemplo perfecto de estos dilemas. Esta semana, uno de los matemáticos que estaban en la vanguardia hacia la resolución del problema, Tristan Buckmaster, acusó a OpenAI de intentar apresurar la publicación de sus resultados y excluir de la autoría a su colaborador Levent Alpöge, porque está vinculado a su competidora Anthropic. Además, en la vorágine del anuncio de la empresa tecnológica, muchas veces se obvió que el núcleo matemático del avance estaba en el trabajo de los investigadores españoles Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa, cuyo método original fue el fundamento indispensable para el progreso de Buckmaster y Alpöge y el resultado final de OpenAI.
Los autores ven en este caso un problema mucho mayor. En muchas profesiones intelectuales y creativas, la capacidad, los años de formación y el esfuerzo no solo sirven para producir un resultado final, sino para desarrollar la capacidad de entender y de formular preguntas nuevas. Si la IA puede producir estos resultados directamente, el propósito formativo se pierde, y se pueden tener muchas respuestas teniendo una comprensión cada vez más pobre.
La tecnología siempre ha puesto a la humanidad ante el dilema de medios y fines. Los resultados son una motivación imprescindible, pero si aparecen como por arte de magia, como recuerdan los ganadores de la medalla Fields, vacían nuestra existencia de sentido. “Ten siempre a Ítaca en tu mente / Llegar allí es tu destino / Mas no apresures nunca el viaje”, escribía el poeta C. P. Cavafis. Pero después recordaba por qué hay que embridar el ansia de resultados: “Ítaca te brindó tan hermoso viaje / Sin ella jamás habrías partido / Pero no tiene ya nada que darte”. Es posible que la forma en que la IA nos aniquile sea respondiendo nuestras preguntas más profundas con solo un golpe al intro.
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