Robert Lewandowski dice que Catalunya es su lugar en el mundo. Miente. O, al menos, no dice toda la verdad. Porque su verdadero sitio en el planeta ha sido, es y será el área, ese rectángulo de 40 metros por 16,5 metros que rodea la portería rival. Ahí es donde marcó la diferencia, en el Lech Poznan, en el Borussia Dortmund, en el Bayern de Munich y en el Barcelona.
El nueve polaco ha sido clave hasta el final con sus goles en el Metropolitano y El Sadar
Robert Lewandowski dice que Catalunya es su lugar en el mundo. Miente. O, al menos, no dice toda la verdad. Porque su verdadero sitio en el planeta ha sido, es y será el área, ese rectángulo de 40 metros por 16,5 metros que rodea la portería rival. Ahí es donde marcó la diferencia, en el Lech Poznan, en el Borussia Dortmund, en el Bayern de Munich y en el Barcelona.
Cuando aterrizó en el Camp Nou en el verano del 2022 estaba a punto de cumplir 34 años. Nadie pensó que venía en busca del sol sino que todos sabían que iba a marcar goles. Así fue. Lewandowski heredó el dorsal de Memphis y no existe comparación. En cuatro temporadas ha celebrado 119 dianas, más que Stoichkov, casi tantos como Kluivert o Rexach que hicieron casi toda una vida de blaugrana. En cuatro años se irá siendo un pedacito de historia.
Se estrenó con 34 años y se va con más que Stoichkov, casi tantos como Kluivert o Rexach
El Barcelona ha tenido a los mejores delanteros centro del mundo desde los tiempos de Mariano Martín y César. Después llegaron Krankl, Quini, Lineker, Romário, Ronaldo, Eto’o, Ibrahimovic y Luis Suárez. Algunos duraron menos de lo debido y otros jugaron en posiciones inesperadas, pero el polaco no tiene nada que envidiarles, juega totalmente en su liga. No desmerece estar en esa lista. Hizo los honores con una profesionalidad tremenda y un olfato encomiable.
Cuando él ha marcado, el equipo solo perdió ocho veces. La última en mayo del 2024. Con Hansi Flick, el entrenador que más jugo le ha sacado en su carrera (83 goles en el Bayern, 60 en el Barça), no pasó nunca. Los tantos de Lewandowski han sido importantes para conseguir tres Ligas.
Incluso este curso, cuando sus registros y participación han decrecido, ha anotado goles claves con el hat trick en Balaídos o los goles de oportunista en el Metropolitano (el 1-2 definitivo con el hombro) o en El Sadar (el 0-1 que abrió la lata, con un gran cabezazo).

Por no hablar de cómo aguijoneaba al Real Madrid en las finales de las Supercopas conquistadas. Marcó en el 3-1 de Xavi, en el 5-2 del 2025 y de nuevo en el 3-2 del hace cuatro meses. Eso sí, se quedó sin la Champions, el torneo que solo pudo conseguir una vez con los bávaros, en Lisboa en el 2020, en la edición de la pandemia.
Quizás no ha sido el más aplicado en la presión alta ni el padrino perfecto para la generación joven de compañeros que ha tenido, pero es que su objetivo siempre ha sido el mismo: batir a los porteros, meter un gol más. Esa voracidad es la que le hizo competir con Messi y Cristiano en la élite o dejar su legado en la figura de Haaland. No será sencillo para el que venga después de él. Lewandowski es de esa estirpe que deja huella, en goles, títulos y en el corazón, como se vio en la última rúa.
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