Parte del ala dura del régimen iraní se niega a negociar el fin de la guerra, al considerarla una traición al difunto líder supremo Leer Parte del ala dura del régimen iraní se niega a negociar el fin de la guerra, al considerarla una traición al difunto líder supremo Leer
Desde hace semanas, medios iraníes se congratulan de las hazañas del régimen durante la guerra contra Estados Unidos e Israel. La República Islámica no sólo ha sobrevivido a la ofensiva militar, sino que también mantiene gran parte de su arsenal bélico y tiene en su mano la llave de Ormuz, la vía marítima cuyo bloqueo ha provocado la mayor disrupción energética de la historia. Tras años resistiendo a las exigencias estadounidenses de reducir su programa nuclear y limitar el desarrollo de misiles, ha logrado hacer frente a dos guerras iniciadas por sus enemigos, pese a los ataques continuos que han descabezado la cúpula del régimen.
Una vez se calmen las aguas, Irán tendrá que hacer frente a una población exhausta tras la represión de las protestas del pasado enero, los bombardeos y una economía devastada. Sin embargo, las autoridades creen que Irán ha ganado la guerra -o al menos no la ha perdido- y se encuentra en una posición de lograr un acuerdo mejor que cualquiera de los que se planteó antes del conflicto, con el posible desbloqueo de activos congelados, levantamiento de sanciones y comercio de petróleo. Con todo, parte del ala dura del régimen está descontenta con los pasos que se han dado para lograr el fin permanente del conflicto. Conocidos como los «superrevolucionarios» por su postura intransigente, varios funcionarios rechazan el diálogo con Washington y abogan por continuar con las tensiones, aunque suponga reanudar la guerra, ya que consideran que Teherán tiene ventaja por su dominio sobre el Estrecho de Ormuz y su capacidad de sembrar el caos en el vecindario del Golfo.
Algunos parlamentarios se opusieron al acuerdo de tregua y rechazan ahora también el borrador de memorando que están discutiendo Teherán y Washington. «En lugar de diplomáticos, enviad misiles a negociar con el diablo», declaró recientemente Ebrahim Rezaei, portavoz de la comisión de seguridad nacional parlamentaria. «¿Acaso no hubo una guerra en medio de negociaciones anteriormente? ¿Quieren negociar de nuevo para que haya otra guerra y nuestro líder también sea asesinado?», sugirió el diputado Amirhossein Sabeti.
La mayoría de estas figuras son cercanas a Saaed Jalili, ex negociador nuclear y candidato a la Presidencia, que se opone a cualquier diálogo con Washington sobre la guerra o cualquier aspecto del programa atómico o de misiles del país, al considerarlo una traición al legado del difunto líder supremo, Ali Jamenei. Jalili ha llegado incluso a intentar boicotear al actual presidente del Parlamento, Mohammed Bagher Qalibaf, por liderar las conversaciones con Estados Unidos. «Derribaremos sus casas [las de los negociadores] sobre sus cabezas porque están intentando crear una mesa de negociaciones humillante», declaró el diputado Mohammad Ali Naghd Ali, miembro de los superrevolucionarios.
Por su parte, el periódico Kayhan remarcaba esta semana que el Estrecho de Ormuz es «el mayor punto fuerte de Irán» y «el talón de Aquiles del enemigo», por lo que no se puede «sacrificar» con un equipo negociador «carente de estrategia narrativo y lleno de pasividad», sumándose a las críticas contra las negociaciones. El secretismo del diálogo con Washington -en el que están involucrados países de toda la región- ha alimentado las sospechas por parte del ala dura del régimen de que el equipo negociador están haciendo concesiones secretas a puerta cerrada, lo que ha impulsado una campaña contra la vía diplomática en algunos medios de comunicación del país.
En abril, el mismo grupo movilizó a los Basij, la milicia paramilitar de la Guardia Revolucionaria, para marchar en las calles en protesta contra el alto el fuego pactado con Washington, que consideraron «un regalo para el enemigo».
Pese al frente de Jalili, la influencia de los funcionarios que defienden una postura pragmática con Washington prevalece, tal y como se reflejó esta semana con la reelección del negociador Qalibaf como presidente del Parlamento con una mayoría abrumadora. Otra votación parlamentaria sobre el equipo negociador mostró un gran apoyo entre funcionarios al acercamiento diplomático con Estados Unidos, con 261 firmas a favor frente a una veintena en contra. Sólo siete miembros, todos vinculados al grupo de superrevolucionarios de Jalili, se negaron a firmar, al considerarlo una rendición ante el histórico adversario estadounidense. Pese a las tensiones internas, el régimen ha dado señales de querer dejar atrás el estado de guerra y avanzar por la vía diplomática, suavizando algunas medidas tomadas durante el conflicto, como las restricciones de internet, impuestas desde finales de febrero.
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