Treinta y cinco años después de escuchar un diagnóstico que parecía marcar el final de su carrera, Michael J. Fox sigue encontrando motivos para mirar hacia delante. El actor canadiense, convertido desde hace décadas en el rostro más reconocible de la lucha contra el Parkinson, ha vuelto a demostrar que los límites que un día le impusieron no eran definitivos. Su regreso a la cuarta temporada de la serie Terapia sin filtro (Apple TV+) -trabajo por el que ha recibido una nominación al Emmy-, supone mucho más que un papel: es la confirmación de que sigue encontrando en la interpretación una razón para seguir avanzando.
El actor, de 65 años, regresará a su personaje de ‘Terapia sin filtro’ para la cuarta temporada
Treinta y cinco años después de escuchar un diagnóstico que parecía marcar el final de su carrera, Michael J. Fox sigue encontrando motivos para mirar hacia delante. El actor canadiense, convertido desde hace décadas en el rostro más reconocible de la lucha contra el Parkinson, ha vuelto a demostrar que los límites que un día le impusieron no eran definitivos. Su regreso a la cuarta temporada de la serie Terapia sin filtro (Apple TV+) -trabajo por el que ha recibido una nominación al Emmy-, supone mucho más que un papel: es la confirmación de que sigue encontrando en la interpretación una razón para seguir avanzando.
En un encuentro con The Hollywood Reporter, Fox recuerda que cuando le diagnosticaron Parkinson en 1991 los médicos le advirtieron de que probablemente solo podría seguir actuando durante una década más. Sin embargo, 25 años después de aquel plazo, el intérprete de 65 años se prepara para viajar a California para participar en la cuarta temporada de la comedia de Apple TV+ creada por Bill Lawrence, un viejo compañero de viaje desde los tiempos de Spin City.

“Realmente volver a actuar ha alargado mi vida y la ha hecho interesante de una manera que no creía posible”, afirma el actor sobre un regreso que parecía impensable. Durante la pandemia había decidido apartarse de los focos porque las dificultades para hablar con fluidez hacían cada vez más complicado su trabajo delante de las cámaras. Aquella retirada, sin embargo, terminó siendo solo un paréntesis de seis años.
Durante la pandemia había decidido apartarse de los focos porque las dificultades para hablar con fluidez hacían cada vez más complicado su trabajo delante de las cámaras
Sin duda, Michael J. Fox ha convertido cada obstáculo que se ha encontrado en el camino en una oportunidad para ayudar a otros. En el año 2000 creó junto a Deborah W. Brooks la Fundación Michael J. Fox, una organización dedicada exclusivamente a impulsar la investigación sobre el Parkinson. Desde entonces, la entidad ha financiado más de 3.000 millones de dólares en proyectos científicos y se ha convertido en una referencia internacional en la búsqueda de nuevos tratamientos.
Brooks, directora ejecutiva y cofundadora de la fundación, explica a The Hollywood Reporter el cambio radical que ha experimentado la investigación durante estas dos décadas. “Es una enfermedad difícil; la atención médica es difícil de conseguir y no es nada fácil. El panorama científico a nivel mundial también se ha transformado, y eso es consecuencia directa de toda la investigación que hemos financiado en los últimos 20 años”. Según detalla, cuando comenzaron apenas existían tratamientos en fase de ensayos clínicos y hoy hay cerca de 180 programas de desarrollo de fármacos en marcha.

Fox está convencido de que la cura llegará mientras él siga vivo. Esa confianza es la que le ha acompañado desde que decidió hacer pública una enfermedad que mantuvo en secreto durante siete años, justo cuando atravesaba uno de los momentos más exitosos de su carrera con Enredos de familia y el estreno de Spin City.
Durante aquel tiempo convivió en silencio con el Parkinson y también con el alcohol, al que recurrió para intentar sobrellevar el impacto emocional del diagnóstico. Todo cambió cuando, junto a su esposa, Tracy Pollan, decidió dejar de esconderse. La pareja, que tiene cuatro hijos, comprendió que hacer pública la enfermedad podía servir para dar visibilidad a millones de personas que apenas encontraban representación.
Sus apariciones en series como ‘Scrubs’, ‘Boston Legal’, ‘Equipo de rescate’, ‘The Good Wife’ o ‘Larry David’ demostraron que su experiencia personal podía convertirse en una poderosa herramienta interpretativa
“Fue un infierno para Tracy, fue muy duro para ella, y aún lo es porque todo cambia constantemente”, reconoce el actor. Aun así, tenía claro el camino que quería seguir. “Tengo que ir hasta el final. Nada de medias tintas”. Aquella decisión le llevó a hablar abiertamente de su experiencia, a comparecer ante el Senado estadounidense -sin medicación, para mostrar los efectos reales de la enfermedad- y a convertirse en uno de los mayores defensores de la investigación médica.
“Empecé a comprender lo que significaba para estas personas que no tenían las opciones ni las alternativas que yo tenía”, recuerda. “Necesitaba normalizarlo y ser así siempre. Dije: ‘No tengo que ocultar esto. Al diablo con la vanidad’”.
Lejos de desaparecer de la pantalla, Fox encontró una nueva manera de interpretar. Sus apariciones en series como Scrubs, Boston Legal, Equipo de rescate, The Good Wife o Larry David demostraron que su experiencia personal podía convertirse en una poderosa herramienta interpretativa. “Me ayudó a encontrar la verdad en las cosas”, explica sobre esa evolución. “Había una vulnerabilidad y una debilidad que solía ocultar cuando estaba en público… Se trata de usar mi experiencia vital para enriquecer la vida de los personajes. No hay límites para lo que puedo lograr”.
Ese proceso ha alcanzado un nuevo significado en Terapia sin filtro, donde comparte trama con Harrison Ford. Por primera vez interpreta a un personaje con Parkinson que interactúa con otro enfermo de la misma dolencia, el doctor Paul Rhoades, interpretado por el veterano actor estadounidense. La relación entre ambos traspasó el guion y dio lugar a una amistad que Fox recuerda con especial cariño. “Estaba contento de compartir mi experiencia con él a través del personaje y de ayudarlo en lo que necesitara”, asegura sobre Ford. Y confiesa que el actor superó todas sus expectativas: “No sabía qué esperar de Harrison porque es conocido por ser un tipo estoico y gruñón, pero en realidad es un encanto. Fue muy afectuoso y me recibió con los brazos abiertos”.
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