El alcalde de la capital puertorriqueña, en una visita a Madrid, habla sobre la realidad del territorio y la militarización por parte de EEUU de la isla Leer El alcalde de la capital puertorriqueña, en una visita a Madrid, habla sobre la realidad del territorio y la militarización por parte de EEUU de la isla Leer
Ante la percepción global que pueda existir de Puerto Rico debido a sus playas paradisíacas y música contagiosa, la isla alberga un trasfondo bélico. Por su relación territorial con los Estados Unidos, como un Estado Libre Asociado (ELA), el archipiélago fue un espacio de entrenamiento y ejercicios militares para EEUU durante la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría o la de Vietnam, entre otros conflictos. En el marco de las tensiones entre Cuba y la nación norteamericana en el Caribe, Puerto Rico vuelve a jugar un rol estratégico para el ejército estadounidense como un puente hacia el Hemisferio Sur.
Sobre esto, el alcalde de la capital de Puerto Rico, San Juan, Miguel A. Romero Lugo, ofrece su percepción con respecto al aumento de actividad militar en la isla en una visita a Madrid para un evento en la Casa de América sobre los cinco siglos de San Juan. El político profundiza sobre la militarización, las preocupaciones diarias de los puertorriqueños y su visión de futuro con respecto al estatus político de la isla. Este último, un tema de debate candente entre los que quieren la completa anexión a EEUU y los que prefieren la independencia.
PREGUNTA. Con el reciente incremento en la actividad del Comando Sur y la llegada de más buques y personal a bases militares como Fort Buchanan, ¿cuál es su percepción sobre cómo la ciudadanía recibe este aumento de presencia militar estadounidense?
RESPUESTA. De la ciudadanía, yo no te diría que hay una opinión generalizada sobre el tema. No creo que todavía haya llegado a tener esa viralidad en términos de que sea un asunto de conversación diario; por lo menos en el caso de San Juan no lo ha sido. Yo creo que en principio ningún ser humano apoya la militarización porque quiera, y nadie quiere que tengamos conflictos bélicos. El puertorriqueño de todos los días tiene otras preocupaciones más urgentes. Hay unos problemas graves en el sistema eléctrico que afectan a toda la población y retos enormes en la infraestructura de distribución de agua. El puertorriqueño está más preocupado por el agua, por la luz, por el costo de vida, por la inflación, por el impacto de las tarifas en la economía de la isla y en cómo ha impactado el costo al acceso de vivienda para la clase trabajadora. Yo creo que mientras el plato esté lleno de cosas que son urgentes, no todo el mundo está mirando otros temas.
P.¿Y tiene relación el aumento militar en Puerto Rico con Cuba?
R. A nivel de Washington, creo que esto permite a los EEUU ver que todavía hay intereses que se pueden proteger desde nuestra isla, lo cual no es la primera vez que ocurre en nuestra historia. Puerto Rico siempre tuvo una gran presencia militar, desde los tiempos de Kennedy hasta la salida de la Marina de Vieques, lo cual tuvo repercusiones negativas. Recientemente, se ha discutido si el incremento actual se relaciona con una posible intervención en Cuba; yo vi lo que se discutió en su momento sobre Venezuela y terminó siendo cierto, así que habría que esperar y ver qué ocurre.
P. Y ante las manifestaciones de organizaciones como Madres contra la guerra, ¿cree que la comunidad debería estar más informada sobre la militarización en la isla?
R. No percibo que sea un foco de conversación diaria a menos que ocurra una actividad mayor fuera de lo común. Es un punto válido y se podría conversar más, pero actualmente los retos de infraestructura dominan la opinión pública. Hay personas que pueden apoyar la presencia militar como parte de una determinación por el rol de los EEUU, el cumplimiento de deberes ciudadanos o la defensa de la democracia y de los intereses militares que son clave en nuestra relación con la nación. Sin embargo, la prioridad del ciudadano ordinario sigue siendo el agua, la luz y el impacto de las tarifas en su economía.
P. Sobre el estatus de Puerto Rico, ¿cuál es su posición respecto a la búsqueda de la estadidad y cómo se encamina desde la capital?
R. Yo en principio creo en la estadidad [convertirse en estado federal de EEUU]. Si tú eres ciudadano de una nación debes tener plenitud de derecho; no es un asunto de querer ser algo que no somos, para mí es un asunto pragmático. Si yo vivo en una jurisdicción de una nación donde hay un parlamento y no hay representación de mi comunidad, yo voy a exigir participación y plenitud de derechos democráticos. Yo me considero ciudadano estadounidense de nacimiento y creo que si tuviésemos plenitud de derechos y herramientas adicionales, ayudaría a que la gente regrese a nuestra isla, frenando la migración provocada por la falta de programas como el Seguro Social Suplementario o Medicare. Hay que entender que la estadidad no es un derecho jurídico automático que se reclama en un tribunal; es un ejercicio político en el Congreso de los Estados Unidos que toma mucho tiempo, igual que ocurrió con Hawái o Alaska. Hoy por hoy, no veo condiciones bajo la Administración Trump o republicana, pero con el Partido Demócrata sí veo un espacio real para discutir el caso de nuestra igualdad, ya que aportaríamos senadores y representantes fortaleciendo la diversidad hispana a nivel nacional.
P. Tras siglos de haber pertenecido a la monarquía española, ¿qué rol estratégico juega la capital puertorriqueña por sus vínculos con España?
R. La tradición histórica que nos une a España y la realidad de nuestra relación con los Estados Unidos desde los pasados 128 años, nos provee una oportunidad única. Puerto Rico puede ser, de manera planificada, el punto donde España y Europa pueden utilizar a la isla como el lugar donde comenzar a hacer negocios en los Estados Unidos de América con el potencial económico que eso tiene. La gran ventaja es hacer negocios en el mercado estadounidense en castellano, en nuestra lengua, con unas garantías de certeza jurídica y unas fortalezas de participar en la economía norteamericana. Lo hemos visto antes, por ejemplo, con la historia de Mapfre, que por haber entrado al mercado norteamericano a través de Puerto Rico impulsó su expansión global, o con Metropistas, subsidiaria de una empresa de Madrid, que creó la primera alianza público-privada en la isla en los años 90. El hecho de que como pueblo defendemos nuestra cultura, nuestra identidad y nuestra lengua española, nos da una ventaja competitiva única para ser ese puente.
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