Aunque empezó su carrera como futbolista cerca de casa, no tardó en atravesar el canal de la Mancha y empezar a forjarse una vida en el Reino Unido, lejos de los suyos, labrándose un carácter que le ha conducido a la cima. Retirado, con los banquillos entre ceja y ceja, Robert Martínez (Balaguer, 1973) ya nunca regresó a casa. “Mi casa es donde está mi familia y mi trabajo”, zanjaba, alejado de sentimentalismos, antes de medirse a España en los octavos de final del Mundial.
La prensa portuguesa se rinde a su seleccionador, que busca convertirse en el primer técnico en eliminar a su país de origen en un Mundial
Aunque empezó su carrera como futbolista cerca de casa, no tardó en atravesar el canal de la Mancha y empezar a forjarse una vida en el Reino Unido, lejos de los suyos, labrándose un carácter que le ha conducido a la cima. Retirado, con los banquillos entre ceja y ceja, Robert Martínez (Balaguer, 1973) ya nunca regresó a casa. “Mi casa es donde está mi familia y mi trabajo”, zanjaba, alejado de sentimentalismos, antes de medirse a España en los octavos de final del Mundial.
Ya asentado como uno de los seleccionadores con más talento del mundo, batidos muchos récords en sus siete años al frente de Bélgica, Martínez lleva dirigiendo a Portugal desde que comenzó este ciclo mundialista, intentando sacar el máximo partido de una de las mejores generaciones que ha dado el fútbol luso y aprovechando los últimos coletazos de una leyenda como Cristiano Ronaldo. “Una de nuestras fortalezas es la adaptabilidad, tenemos a jugadores capaces de cumplir con diferentes roles, de jugar por dentro y por fuera. Llevo tres años y medio trabajando con ellos y no quiero ponerles límites”, se congratulaba.
Martínez se ha labrado una carrera más allá de los Pirineos y ahora puede tener el reconocimiento final
El técnico leridano se asoma a las puertas de lo desconocido en el partido ante España, ya que jamás un seleccionador ha eliminado a su país de origen. Desde el Mundial de 1938, cuando Josef Nagy dirigía a Suecia y cayó ante Hungría, hasta hace apenas unos días, cuando Petkovic, de nacionalidad suiza, cayó con Argelia ante los helvéticos, los precedentes se han sucedido sin éxito. Martínez busca ahora ser el primero aunque no le presta demasiada importancia al hito. “Nunca he entrenado en España así que mi caso creo que es diferente. No me siento así para nada, lo que me siento es cercano a mis jugadores y a mi selección”, aseveraba con tono tranquilo, con un portugués exquisito.
Los que le conocen aseguran que es una persona muy reflexiva, es difícil verle enfadado, y que trabajando es de los que confía mucho en los jugadores. Eso sí, de vez en cuando sorprende con alguna variante táctica, cambiando a jugadores de posición, una etiqueta marca de la casa. “Lo importante ante España no va a ser la táctica, va a ser un partido de los jugadores, de su personalidad, de que sean capaces de estar cómodos en un partido que significa lo que significa”, avisaba.
“Mi casa es donde está mi familia”, huye de sentimentalismos antes de enfrentarse a España
Para Robert Martínez lo que se vivirá en Dallas no es una situación novedosa. Hace un año, le ganaba a España la final de la Nations League en Alemania en la tanda de penaltis. Un triunfo que le acabó de catapultar el Olimpo de la afición portuguesa. “Gracias, Robert”, titulaba de nuevo la prensa portuguesa después del partido ante Croacia, consciente de que ante España les llegaba un reto monumental. Admirado más allá de los Pirineos, Martínez busca el reconocimiento final de su país, donde sigue sin sentarse en un banquillo. La única pena es que el escenario no sea la final. “Será una fiesta del fútbol ibérico, hubiera sido una final fantástica”, sellaba.
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