Cerca, más cerca que nunca, estuvo México de los cuartos de final de su Mundial. Le faltó muy poco, casi nada, para poder forzar la prórroga contra una de las grandes, como Inglaterra. A la condición de local y la altitud, que ya acortaban mucho la distancia, se les sumó la expulsión de Quansah al principio de la segunda mitad. Pero no hubo manera. El Azteca fue testigo de un esfuerzo y un dolor sobrehumanos de los dos bandos. Unos por alargar la ilusión, otros por acabar con el martirio.
Los coanfitriones se despiden con la cabeza alta de su Mundial tras conceder tres goles en tres acciones rápidas de los ingleses, muy certeros
Cerca, más cerca que nunca, estuvo México de los cuartos de final de su Mundial. Le faltó muy poco, casi nada, para poder forzar la prórroga contra una de las grandes, como Inglaterra, que resistió con nobleza. A la condición de local y la altitud, que ya acortaban mucho la distancia, se les sumó la expulsión de Quansah al principio de la segunda mitad. Pero no hubo manera. El Azteca fue testigo de un esfuerzo y un dolor sobrehumanos de los dos bandos. Unos por atacar y alargar la ilusión, otros por defender y acabar con el martirio.
Los ingleses, muy certeros en las tres oportunidades en las que tuvieron espacios, se vieron obligados a soportar a un sitio en su área pero sacaron fuerzas de donde no les quedaban para no encajar el tercero. Bellingham, dos veces casi seguidas en la primera parte, y Kane, de penalti, -bien apoyados por Gordon-fueron quirúrgicos ante Rangel y las intervenciones de Pickford provocaron las lágrimas de orgullo pero también de decepción de una leyenda como Memo Ochoa.
El añadido de 11 minutos se convirtió en un esfuerzo sobrehumano de los locales por atacar y alargar la ilusión y de los visitantes por acabar con el martirio de defender
De nuevo México, después de una hora de espera por la lluvia en la capital mexicana, salió muy metido al campo. Era el partido que todo un país llevaba esperando décadas y nadie se quería sentar en las primeras filas del Azteca. La ilusión era máxima, hasta el punto de que Romo no dudó en jugarse la cabeza para hacerse con la pelota y llevarse una patada de Rice, que a los 54 segundos ya vio la amarilla.
Y Raúl Jiménez estuvo a punto de llevar al delirio a todo el público local cuando se tiró en plancha para cabecear de forma plástica y precisa un centro de Alvarado. Si el remate fue precioso, la parada de Pickford no fue menos en una acción en la que el portero se hermanó con Gordon Banks en el testarazo de Pelé.
Estaba obsesionado Aguirre con no dejar a Inglaterra correr. Así que mandó a su jugador más agresivo y sacrificado, el inconmensurable Lira, que estuviera siempre muy cerca de Kane o Bellingham cuando recibiesen para evitar que se diesen la vuelta y descargasen para montar los contragolpes. El mediocentro del Cruz Azul, atentísimo, parecía un lobo.
Y se demostró lógico el temor mexicano. Porque las dos primeras veces que los ingleses tuvieron espacios en el Azteca se lo hicieron pagar carísimo a los coanfitriones. Y ninguna arrancó con alguno de los dos a los que vigilaba Lira. Pickford sacó con la mano para Rice y el medio del Arsenal avanzó y avanzó hasta plantarse casi en el área, donde abrió para Saka, que sabía perfectamente lo que debía hacer. A su centro no llegó Kane pero sí Bellingham para marcar el 1-0.
384 minutos duró con la portería a cero Rangel y en apenas tres encajó dos tantos. Porque el niño Mora se equivocó al querer controlar sin ver que detrás tenía a Anderson, que le rebañó el balón. Gordon se apoderó de él, enseguida buscó a Kane, que asistió a Bellingham para hacer el segundo.
Dos transiciones inglesas, dos goles en contra para México, que tuvo la suerte de poder reaccionar pronto gracias a una falta botada por la zurda de Alvarado. Konsa no despejó bien, dejó la pelota puerta en el área y Quiñones, en estado de gracia, fusiló a la red para recortar distancias.
El primer tiempo se le hizo eterno a Inglaterra, que se salvó tres veces en un santiamén. Raúl Jiménez se volvió a encontrar con otra gran parada de Pickford y cuando Montes, en un córner, ya se veía con el empate vio cómo la pierna de Belligham le quitaba el gol.
El medio tiempo fue oxígeno para Inglaterra, muy cansada, afectada por la altitud. Y tras el paso por el vestuario, el partido siguió igual de agitado. Del poste del Tala Rangel, que repelió un disparo de O’Reilly que desvió Bellingham, se pasó a una entrada en la que Quansah le clavó los tacos a Gallardo que le costó la roja al lateral del Leverkusen. Inglaterra se quedaba con uno menos en el minuto 53 y cuando más negro pintaba, otra jugada rápida le cayó del cielo. Un saque largo de Pickford, lo descolgó Kane y Gordon fue más rápido que Rangel, que le derribó en penalti. Kane no falló con su cita con el gol, el sexto del Mundial.
A México solo le quedaba la épica y Aguirre se la jugó con los cambios para juntar a Santi Giménez con Quiñones y Raúl. Pero el Tri se metió de nuevo en el partido con otro penalti gracias al VAR. Kane despejó la pierna de Brian Gutiérrez y Raúl Jiménez batió desde los 11 metros a su viejo conocido Pickford.
Necesitaba otro gol y el asedio fue descomunal. Inglaterra había renunciado a atacar, ya sin Kane y con tres centrales, y México, cada vez más con jugadores ofensivos, no paraba de buscar centros al área. El añadido fue de 11 minutos angustiosos para ambos. Para los ingleses, agotados, porque el reloj no avanzaba, para los mexicanos, con pocas ideas, porque no encontraban grietas para el tercero que forzase la prórroga. Fue ejercicio que llevó al límite a todos. Pero la mejor ocasión fue un mal despeje de Stones que casi fue un autogol. Pero Pickford se creció y no concedió más.
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