Si Italia se convirtió en el imaginario colectivo en el país de los grandes defensas, duros pero elegantes, capaces de ganar los partidos con la inteligencia antes incluso que con la fuerza, el futbolista que mejor encarnó ese ideal fue Franco Baresi. El mítico capitán del Milan y de la selección italiana murió a los 66 años, tras una larga enfermedad que había deteriorado progresivamente su salud en los últimos años. Con él desaparece uno de los mejores defensas de todos los tiempos y uno de los grandes símbolos del deporte italiano.
La notícia fue confirmada por el AC Milan, club donde fue capitán y desarrolló toda su carrera deportiva
Si Italia se convirtió en el imaginario colectivo en el país de los grandes defensas, duros pero elegantes, capaces de ganar los partidos con la inteligencia antes incluso que con la fuerza, el futbolista que mejor encarnó ese ideal fue Franco Baresi. El mítico capitán del Milan y de la selección italiana murió a los 66 años, tras una larga enfermedad que había deteriorado progresivamente su salud en los últimos años. Con él desaparece uno de los mejores defensas de todos los tiempos y uno de los grandes símbolos del deporte italiano.
Su carrera quedó unida para siempre al Milan de Arrigo Sacchi, el equipo que revolucionó el fútbol europeo a finales de los años ochenta. Más allá del célebre trío neerlandés formado por Ruud Gullit, Marco van Basten y Frank Rijkaard, fue un defensa quien acabó convirtiéndose en el rostro de aquella revolución estética y táctica basada en la defensa en zona. En una época en la que a los centrales se les pedía sobre todo destruir el juego del rival, Baresi fue el eje de un fútbol basado en la presión colectiva, la línea defensiva adelantada y el fuera de juego como arma. Su brazo alzado, reclamando el fuera de juego al juez de línea, acabó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles del fútbol italiano.
Baresi fue el eje de un fútbol basado en la presión colectiva, la línea defensiva adelantada y el fuera de juego como arma
En Barcelona, su nombre quedó ligado para siempre a dos noches históricas. La primera fue el 24 de mayo de 1989, cuando el Milan goleó 4-0 al Steaua de Bucarest en la final de la Copa de Europa disputada en el Camp Nou, confirmando el nacimiento de uno de los mejores equipos de la historia. La segunda llegó el 8 de mayo de 1994, cuando el Milan destrozó al Dream Team de Johan Cruyff en la final de Atenas (4-0), una de las derrotas más dolorosas que recuerda el barcelonismo.
En Italia, sin embargo, el recuerdo de Baresi está ligado también a una derrota. La final del Mundial de Estados Unidos de 1994, disputada en Pasadena frente al Brasil de Romário y Bebeto, forma parte de la memoria colectiva del país. Veinticinco días antes de aquel partido, Baresi había sufrido una grave lesión de menisco frente a Noruega y fue operado de urgencia. Su recuperación, en un tiempo que entonces parecía pertenecer más al terreno de lo sobrenatural que al de la traumatología deportiva, rozó el milagro. Durante 120 minutos anuló a Romário y dirigió la defensa italiana con una actuación heroica. Después falló el primer penalti de la tanda, antes del lanzamiento de Roberto Baggio que dio el título a Brasil. Aquella derrota, lejos de empañar su figura, terminó por engrandecer su leyenda.

A lo largo de veinte temporadas vistió una sola camiseta, la del Milan, al que permaneció fiel incluso durante los años más difíciles, cuando el club descendió dos veces a la Serie B. La llegada de Silvio Berlusconi a la presidencia en 1986 marcó el inicio de una nueva era: alrededor de Baresi y, poco después, de Sacchi, nació el equipo que dominaría Europa durante el siguiente decenio. Conquistó seis Ligas italianas, tres Copas de Europa, dos Copas Intercontinentales y una larga lista de títulos que lo convirtieron en una de las grandes banderas del club. En 1989 fue además segundo en el Balón de Oro, solo por detrás de su compañero Marco van Basten, un reconocimiento excepcional para un defensa. Cuando se retiró, en 1997, el Milan decidió retirar para siempre el dorsal 6, un honor reservado únicamente a las leyendas.
La última imagen que el mundo conservará de Franco Baresi fue la del 6 de febrero de 2026, durante la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina. Aún debilitado por la enfermedad, recorrió uno de los últimos relevos de la antorcha olímpica junto a otro histórico defensa italiano, Giuseppe Bergomi. Aquella imagen de sufrimiento y, al mismo tiempo, de fortaleza, en uno de los días más simbólicos para el deporte italiano, resume quizá mejor que ninguna otra quién fue Franco Baresi. Un campeón que marcó una época y cuyo legado no termina con su muerte.
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