Los gobiernos de España e Italia han protagonizado en una semana el choque más agrio entre países de la UE desde hace décadas Leer Los gobiernos de España e Italia han protagonizado en una semana el choque más agrio entre países de la UE desde hace décadas Leer España // elmundo
Pedro Sánchez y Giorgia Meloni representan dos de los modelos políticos más enfrentados de la Europa actual. Él, líder de la socialdemocracia española; ella, dirigente de una derecha nacional-conservadora que llegó al poder en Italia con un discurso centrado en la inmigración, la seguridad y la defensa de los valores tradicionales. Durante años, ambos han conseguido mantener una relación institucional razonablemente funcional pese a sus profundas diferencias.
Además de la importancia de las relaciones diplomáticas entre Italia y España, les unía algo superior: la defensa de la frontera sur de la Unión Europea y de la OTAN. Pero la crisis migratoria de Ceuta ha terminado por romper ese equilibrio. Por primera vez, el enfrentamiento ha saltado del plano político al legal, con Schengen como instrumento de representación de su choque político y controles fronterizos recíprocos entre los países.
Cuando Meloni llegó al Palazzo Chigi en octubre de 2022, la distancia entre Madrid y Roma era evidente. Sánchez había convertido la lucha contra la derecha radical en uno de los ejes de su discurso político y Meloni representaba precisamente el ascenso de esa derecha en Europa. La primera ministra italiana, además, mantiene una relación política privilegiada con Vox y con Santiago Abascal, a quien incluso ha visitado en su casa de Madrid. Sin embargo, Moncloa optó desde el principio por separar la ideología de los intereses de Estado.
Así, el primer encuentro entre Sánchez y Meloni se produjo en Roma en abril de 2023. La reunión fue «cordial» y estuvo marcada por la voluntad de buscar espacios de entendimiento en asuntos como la inmigración, la energía, los fondos europeos y la reforma de las reglas fiscales. Normalidad más allá de las ideologías políticas. Sin embargo, la tregua duró poco. Durante la campaña de las elecciones generales de julio de 2023, Meloni se convirtió en uno de los referentes internacionales de Vox como una alternativa real a la alternancia PP–PSOE. Pero la caída de Vox en aquellos comicios fue interpretado también como un fracaso en la apuesta de la mandataria.
La inmigración se convirtió desde entonces en el principal punto de fricción. Meloni había llegado al Gobierno prometiendo endurecer el control de las fronteras y reducir las entradas irregulares. Sánchez defendía un modelo diferente, basado en la combinación de control fronterizo, cooperación con los países de origen y tránsito, vías legales de migración y una mayor implicación europea. Ambos coincidían en que la inmigración debía ser una prioridad de la UE, pero discrepaban en cómo abordarla. E insistían en la necesidad de que la Unión Europea prestara más atención a su frontera sur.
Tanto es así este interés compartido por los dos países que, en diciembre de 2024, el Gobierno envió a los Reyes a un viaje de Estado histórico a Italia. Tres días de cita en Roma en los que Felipe VI quiso subrayar todo lo que une a los dos países mediterráneos. Durante esa gira, el Monarca abundó en dos ideas importantes para ambos países: que cultivar las relaciones bilaterales es esencial «la búsqueda de respuestas conjuntas a los retos y desafíos que ambos países» y que trabajando juntos podrían «lograr que la voz de los países del sur de Europa module la respuesta europea a tantos retos globales y el futuro del proyecto común». Un llamamiento que se ha ido erosionando por políticas distintas.
La distancia se agrandó con Oriente Próximo. El reconocimiento de Palestina por España en mayo de 2024 acentuó la diferencia entre ambos gobiernos. Pedro Sánchez adoptó una posición cada vez más crítica con Israel y más activa en defensa de la solución de los dos Estados, mientras que Giorgia Meloni mantuvo un criterio mucho más cercano a Benjamin Netanyahu y más cauteloso respecto al reconocimiento unilateral de Palestina.
Pero fue el cruce masivo a nado de migrantes a través de la frontera con Ceuta lo que dinamitó una relación que ahora parece muy erosionada. Ante la imagen de miles de personas pasando desde Marruecos, Meloni presentó la política española como un ejemplo de lo que no debe hacer Europa. Madrid interpretó ese discurso como un intento de convertir a España en el contrapunto de la estrategia italiana y el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, convocó al embajador de Italia en Madrid para quejarse por los comentarios del Gobierno de Meloni. Pero el hecho es que 22 países de la UE parecieron escuchar más a Meloni que a Sánchez y pidieron explicaciones sobre la política migratoria española.
Mientras el Ejecutivo español intenta afirmar que se ha recuperado la normalidad, el Gobierno italiano decidió restablecer controles fronterizos para las personas procedentes de España durante 15 días. La decisión provocó una reacción inmediata de Madrid, que consideró injustificados los controles y recordó que Ceuta dispone de sus propios mecanismos fronterizos para impedir que las personas que entran irregularmente puedan circular libremente hacia el resto del espacio Schengen.
La discusión adquirió una dimensión completamente distinta. Ya no se trataba de si España debía tener una política migratoria más abierta o Italia una más restrictiva. Se trataba de la libre circulación dentro de la Unión Europea. Sánchez exigió a Meloni que levantara los controles. Roma se negó. La respuesta de Sánchez ha sido restablecer temporalmente los controles fronterizos para los viajeros procedentes de Italia en puertos y aeropuertos.
Sánchez y Meloni, que durante cuatro años hicieron equilibrio para cooperar por intereses comunes, han protagonizado en una semana el choque más agrio entre países de la UE desde hace décadas. Un conflicto que tiene mucha más profundidad, porque apela al tratamiento de la política migratoria de cada país, y que parece tener difícil solución a través de canales diplomáticos.
Contactos. El comisario de Interior y Migraciones de la Unión Europea, Magnus Brunner, mantuvo ayer conversaciones con los ministros del Interior de España y de Italia, Fernando Grande-Marlaska y Matteo Piantedosi, quienes le confirmaron que los controles recíprocos en sus fronteras «son temporales».
Mensaje. Según explicó en su cuenta oficial de X, Brunner trasladó a ambos países la importancia del «progreso» que han logrado Los 27 en la lucha contra la inmigración ilegal y les advirtió que «la confianza entre los estados miembros» es la «moneda más valiosa».
