La nominación de Yevhen Khmara como ministro de Defensa cierra la puerta al regreso del popular Mykhailo Fedorov mientras las protestas y una investigación que alcanza a la oficina presidencial agravan los problemas del presidente Leer La nominación de Yevhen Khmara como ministro de Defensa cierra la puerta al regreso del popular Mykhailo Fedorov mientras las protestas y una investigación que alcanza a la oficina presidencial agravan los problemas del presidente Leer
Volodimir Zelenski cerró el martes la puerta al regreso del popular Mykhailo Fedorov al Ministerio de Defensa. Después de un mes de protestas que reclamaban su restitución, el presidente nominó formalmente a Yevhen Khmara para ocupar definitivamente el cargo, pendiente todavía de la aprobación del Parlamento. Horas después, Fedorov respondió reclamando que Ucrania encuentre la manera de celebrar elecciones incluso si la guerra continúa.
El carismático ex ministro ha ido dando pequeños pasos que parecen orientados a saltar tarde o temprano a la arena política. Anoche no anunció su candidatura ni mencionó directamente a Zelenski, pero el destinatario resultaba evidente. En un vídeo de nueve minutos, denunció una «crisis sistémica de gobernanza», una Administración que se protege a sí misma y unos nombramientos decididos por lealtades personales. «La democracia no puede ser rehén de Rusia», afirmó. «No debemos permitir que Putin decida cuándo pueden los ucranianos elegir a su Gobierno». Fedorov pidió un mecanismo «legal, seguro y realista» que permita restaurar el proceso democrático durante una guerra prolongada.
La rebelión de uno de sus antiguos colaboradores más próximos llega cuando los problemas se acumulan alrededor de Zelenski. El miércoles, la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU) anunció una operación para desmantelar una supuesta organización criminal dirigida por un diputado en activo y otro antiguo parlamentario, y en la que estarían implicados altos cargos de la Oficina Presidencial. El momento político es especialmente dañino: Fedorov acababa de denunciar que la corrupción y la opacidad en el reparto de recursos dejan a los soldados sin drones, munición, vehículos o sistemas de guerra electrónica.
En la mañana del miércoles se confirmó el registro de las propiedades de Iryna Mudra, subjefa de gabinete de la Presidencia, y de Vadym Stolar, diputado, según una fuente policial citada por Kyiv Independent. El NABU también registró inmuebles vinculados a Maksym Mykytas, exdiputado, y al banco estatal Sense Bank. El propio organismo señaló que estaba llevando a cabo una operación especial para desarticular una organización criminal con participación de altos funcionarios de la Oficina Presidencial. Horas después, NABU precisó el meollo del caso: el grupo habría ‘lavado’ 150 millones de grivnas (casi tres millones de euros) en efectivo, canalizados a través de varias cuentas de empresas pantalla, para pagar la fianza de uno de los participantes en una trama expuesta por la justicia recientemente. Zelenski ha reaccionado destituyendo a Iryna Mudra de su cargo de subjefa del equipo presidencial.
Fuentes ucranianas citadas por el medio KP.ua precisan que ese dinero habría sido para Herman Halushchenko, ex ministro de Energía y Justicia, imputado en el caso Midas. Entre los que aparecen en el expediente figuran, además de Mudra, Stolar y Mykytas, funcionarios del Ministerio de Justicia y representantes de Sense Bank. Según Interfax-Ucrania, el grupo expuesto ahora incluye también al presidente de la junta directiva de un banco estatal y al presidente de su consejo de supervisión.
El caso Midas es fruto de una investigación de 15 meses sobre corrupción en el sector energético, iniciada en 2024, cuyas grabaciones han implicado a Andriy Yermak (ex jefe de gabinete, caído en desgracia por este caso ), Rustem Umerov (ex ministro de Defensa), Oleksii Chernyshov (ex viceprimer ministro) y Tymur Mindich, antiguo socio empresarial de Zelenski. El propio Halushchenko fue detenido cuando intentaba salir del país y NABU lo acusó formalmente de blanqueo de capitales dentro de ese expediente. El caso fue el gran escándalo del año tras el convulso verano de 2025, cuando el Parlamento aprobó una ley que despojaba a NABU y a la Fiscalía Especializada Anticorrupción de su independencia, otorgando nuevos poderes al fiscal general: Zelenski se vio obligado a dar marcha atrás tras protestas masivas en Kiev y otras ciudades.
Fedorov, de 35 años, fue uno de los símbolos de la generación que llegó al poder con Zelenski en 2019 y uno de los arquitectos de su campaña digital. Con solo 28 años se convirtió en ministro de Transformación Digital con un carisma diferente al de Zelenski: menos emoción y más confianza basada en una imagen de eficacia tecnológica. Para muchos jóvenes, voluntarios y militares representa una Ucrania moderna capaz de funcionar al margen de la burocracia postsoviética. En enero de 2026 asumió Defensa, pero permaneció apenas seis meses. En ese breve lapso de tiempo reforzó los sistemas de compras competitivas y trató de imponer al ministerio la misma cultura de datos, resultados y experimentación que había utilizado en Transformación Digital. Zelenski lo destituyó en julio durante una caótica remodelación del Gobierno. El relevo provocó manifestaciones en Kiev y otras ciudades que se prolongaron durante más de un mes. El 16 de agosto varios miles de personas volvieron a marchar por el centro de la capital para exigir su regreso. El reajuste dejó además a Ucrania durante semanas sin ministros permanentes de Defensa y Exteriores mientras la Rada Suprema se marchaba de vacaciones. Fedorov sostuvo posteriormente que la razón principal de su cese había sido su intento de reformar las compras militares. La introducción de concursos y la revisión de contratos, explicó, provocaron «una insatisfacción considerable» dentro y alrededor del Ministerio y una campaña contra él en los medios y en el entorno presidencial.
Ante el enfrentamiento entre Fedorov y el entonces comandante en jefe, Oleksandr Sirski, el presidente optó por apartar al ministro sin ofrecer una explicación suficiente. Zelenski acabó destituyendo también a Sirski y lo sustituyó por el respetado general Mykhailo Drapatyi, una de las exigencias de los manifestantes. Sin embargo, se negó a devolver Defensa a Fedorov. Le ofreció otros puestos relacionados con la innovación militar y la industria armamentística, pero el exministro los rechazó: solo aceptaría volver como titular de Defensa.
Ahora la elección de Khmara convierte esa negativa en definitiva. El candidato tiene méritos suficientes (es un veterano del Servicio de Seguridad de Ucrania, dirigió su unidad de operaciones especiales Alfa, participó en la liberación de la isla de las Serpientes y supervisó ataques ucranianos de largo alcance contra Rusia), pero nunca ha gestionado anteriormente un ministerio ni presupuestos militares de esta magnitud. Anoche Fedorov evitó atacarlo por su nombre. En cambio, estableció un criterio que coloca al sucesor bajo vigilancia: «Si recibiste autoridad, responde por el resultado. Si recibiste un presupuesto, muestra qué se consiguió. Si recibiste un cargo, explica qué lograste». También censuró los nombramientos basados en la obediencia personal, en lo que parece claramente una crítica al método de Zelenski.
Esta crisis interna coincide además con una fase particularmente exigente de la guerra. Aunque los avances territoriales rusos siguen siendo modestos y Ucrania ha aumentado sus ataques contra refinerías, puertos y almacenes en la retaguardia enemiga, Moscú ha intensificado su campaña contra la economía ucraniana. Puertos, buques mercantes, centros logísticos, comercios e infraestructuras energéticas se han convertido en objetivos recurrentes. Con las reservas de interceptores Patriot bajo presión y un invierno que amenaza con ser el más difícil desde 2022, la guerra se aproxima a una fase más «total», en la que cada bando intenta agotar simultáneamente al Ejército, diezmar la economía y rendir a la sociedad del contrario.
La celebración de elecciones exigiría modificar el marco legal.La ley marcial prohíbe organizar elecciones presidenciales, parlamentarias o locales mientras esté vigente. La ausencia de urnas desde 2022 no deriva, por tanto, de una decisión personal de Zelenski: su mandato ordinario terminó en mayo de 2024, pero la Constitución establece que el presidente continúa ejerciendo hasta que su sucesor tome posesión. A ello se suman obstáculos difíciles de resolver: más de un millón de ciudadanos sirven en las Fuerzas Armadas, millones viven como refugiados en el extranjero, una parte del país está ocupada y numerosas localidades permanecen al alcance de los ataques rusos.
El precedente británico de la Segunda Guerra Mundial muestra precisamente esa tensión. Reino Unido debía haber votado en 1940, pero aplazó las elecciones y prorrogó anualmente el Parlamento elegido en 1935. No volvió a celebrar unas generales hasta el 5 de julio de 1945, después de la capitulación de Alemania.
Una encuesta de SOCIS realizada entre finales de julio y comienzos de agosto situaba a Fedorov tercero en una hipotética primera vuelta, con el 13,1%, por detrás de Zelenski, con el 22,3%, y del antiguo comandante en jefe Valeri Zaluzhni, con el 21,4%. Pero en una segunda vuelta entre los dos, Fedorov obtendría el 63,8% de los votos decididos, frente al 36,2% del presidente.
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