Sea quien sea el cerebro detrás de Blocus, ya ha cumplido el sueño de los villanos del siglo XX: apretar un botón y que pase algo Leer Sea quien sea el cerebro detrás de Blocus, ya ha cumplido el sueño de los villanos del siglo XX: apretar un botón y que pase algo Leer
Francia acaba de sufrir un ciberataque que tenía como objetivo aumentar la temperatura de los frigoríficos de los bancos de sangre y arruinar todas las muestras. ¿Queríais ciberpunk? ¡Pues toma ciberpunk! Los de mi generación vivimos la edad de oro de ese género, que imaginaba un futuro en el que la tecnología había evolucionado hasta extremos inauditos, pero en vez de facilitar una utopía de ir en bata por la calle como la de Star Trek, convertía la vida a pie de calle en una pesadilla en la que las amenazas se multiplicaban y actualizaban sin que nos diese tiempo ni a ponerles nombre. Los más jóvenes, o los viejos que no consumen ciencia ficción, se preocupan pensando en todos los futuros posibles. Nosotros ya nos sentimos instalados en ese en concreto.
Si alguien ha visto Halloween 3 (1982) que levante la mano. John Carpenter y Debra Hill son los creadores de esta legendaria serie de películas protagonizadas por un asesino que lleva puesto un buzo de obra y una careta blanca, el tipo de disfraz que improvisamos a última hora la gente con TDAH. Su idea de cara la tercera entrega fue una idea de bombero colosal: mandar al cuerno todo lo que había convertido a Halloween en un fenómeno internacional y contar una historia completamente distinta. La echaron a patadas de la cartelera, claro. Pero la película sigue viva, bendecida por esa magia que brota cuando narras en serio un absoluto disparate.
«Si el detenido es el verdadero ingeniero de Blocus no es que sea un genio, es ya una figura histórica, el inventor de la revolución ‘low cost'»
Si Michael Myers, el asesino de Halloween 1 y 2, era un peón del Mal, el villano de la tercera es el CEO. Su proyecto es, gracias a una combinación de microchips y brujería literal, emitir un anuncio por la tele durante la Víspera de Todos los Santos capaz de provocar muertes en masa. Una fantasía propia de una época en la que si uno quería ver un imperio en llamas tenía que ensayar discursos, exprimir un descontento social, apelar a una identidad de grupo, señalar un enemigo común, todo ese rollo.
Aunque Blocus no llegó a cumplir sus promesas de cara a Halloween no deberíamos olvidar que el fenómeno es nuevo. La campaña en redes -sin ideario ni carisma, mal escrita y con las mismas tipografías que la inteligencia artificial propone para anunciar hamburguesas- es un disfraz de movimiento social que, como Michael Myers, sólo se ha molestado en ponerse un buzo y una careta. Pero, gracias a brujería algorítmica, no ha hecho falta más para que las tiendas del centro acabaran poniendo barricadas.
Si el chaval que han detenido como supuesto líder es el auténtico ingeniero del asunto, no es que sea un genio, es que ya es una figura histórica, el inventor de la revolución low cost. Sea quien sea, ha cumplido el sueño de los villanos del siglo XX, apretar un botón y que pase algo.
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