Dos equipos dejaron las cosas claras en Mestalla: el Real Madrid está en la mejor versión de los últimos años y el Valencia vuelve a enfrentarse a una temporada de indecible sufrimiento. Hace tiempo que perdió el efecto de su estadio, desgastado por un decenio de rechazo a Peter Lim, todavía su propietario.
Dos equipos dejaron las cosas claras en Mestalla: el Real Madrid está en la mejor versión de los últimos años y el Valencia vuelve a enfrentarse a una temporada de indecible sufrimiento. Hace tiempo que perdió el efecto de su estadio, desgastado por un decenio de rechazo a Peter Lim, todavía su propietario.Seguir leyendo…
Dos equipos dejaron las cosas claras en Mestalla: el Real Madrid está en la mejor versión de los últimos años y el Valencia vuelve a enfrentarse a una temporada de indecible sufrimiento. Hace tiempo que perdió el efecto de su estadio, desgastado por un decenio de rechazo a Peter Lim, todavía su propietario.
Llega un nuevo socio al consejo de administración, americano como se estila ahora, y un nuevo campo, construido sobre el esqueleto del estadio que ha figurado durante casi 20 años como un monumento al despilfarro, la malversación y la codicia en los días de la Valencia de vino y rosas. Falta por saber si el nuevo campo acogerá al equipo en Primera o en Segunda División.
En el Madrid persisten las buenas noticias. Repite victoria en el segundo partido consecutivo fuera del Bernabéu. La NFL manda, el dinero es apetitoso y hoy juegan los Bengals de Cincinnati y los Falcons de Atlanta. Que paren las máquinas. El deporte más popular del mundo cede su sitio y sus fechas en el calendario al deporte más popular de Estados Unidos. Así están las cosas.

El partido se resolvió en apenas media hora, disputada a sangre y fuego en medio del fragor ambiental. Al Valencia le salió una veta tremendista, apoyado por su hinchada, que cada año apunta en rojo la fecha del enfrentamiento con el Madrid. La gente se volcó con su equipo, pero no hubo reciprocidad. Mucha pierna dura, faltas a gogó, alguna entrada extemporánea de Guido Rodríguez y dos o tres viajes de Maffeo a Diomandé. Le pone menos que Vinícius, pero al lateral le puede el nervio.
La receta Aguirre –cinco defensas cerca de su portero, dos centrocampistas cerca de sus defensas y dos delanteros lejos de todos– de ninguna manera podía sostenerse. Diez faltas en media hora tampoco le sirvieron al Valencia. El Madrid respondió a la calentura del rival con firmeza y empaque en el juego. Desde la victoria en el Camp Nou es otro equipo. Atrás quedó su modorra defensiva. No hay distracciones ni tampoco pereza. El entusiasmo es general, sin dientes de sierra en el rendimiento de los jugadores.
Mourinho ha encontrado la alineación. No tiene interés alguno en modificarla, especialmente en los partidos abruptos, y el de Mestalla venía más que anunciado. Ni tan siquiera necesita a Rüdiger, habitual sustituto de Huijsen en las noches destempladas. Al central alemán se le pusieron los dientes largos en el banquillo. Era el tipo de partido que le excita, pero Huijsen empieza a abandonar su aire de fragilidad. El Camp Nou le cambió la vida.
Valverde inauguró la cuenta con un tiro de larga distancia. Es un maestro en este oficio. Güler añadió pronto el segundo, aprovechando la incursión y el paso de Bellingham, que no deja de impresionar en sus conducciones. Es Mister Proteína. Del tercero, después de desaprovechar un par de grandes oportunidades, se encargó Mbappé, que sabe hacer goles y tiene uno que le encuentra mejor que nadie.
Recibió el pase de Güler, consagrado no como titular, sino como figura. Es una delicia de futbolista, acompañado además de un físico cada vez más rotundo. Raro que pierda en las acciones divididas. El joven turco ve más y mejor que nadie en el Madrid, y eso no es una tontería en estos momentos, porque todo el equipo está como un pincel.
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