Del PP al PSOE, pasando por las izquierdas y hasta guiños de Vox pese a renegar de Blas Infante para aprovechar el tirón del orgullo andaluz Leer Del PP al PSOE, pasando por las izquierdas y hasta guiños de Vox pese a renegar de Blas Infante para aprovechar el tirón del orgullo andaluz Leer España // elmundo
Las elecciones autonómicas de 2026 son, más que nunca, una apuesta al verde. Todo al verde por parte de (casi) todos los partidos que este domingo no solo se disputan los 109 escaños del Parlamento andaluz, sino, además, la bandera del andalucismo.
Según la última encuesta sobre Identidad de Andalucía 2026, elaborada por la Fundación Centra (dependiente de la Junta de Andalucía), nueve de cada diez andaluces están orgullosos o muy orgullosos de serlo y cuatro de cada diez afirman que ese orgullo andaluz ha crecido en los últimos años.
El himno, la bandera, el escudo y hasta el acento andaluces (sobre todo el acento) despiertan, cada vez más, pasiones entre los ocho millones de habitantes de la comunidad autónoma, una ola de sentimiento andaluz que prácticamente todos los candidatos se han propuesto surfear en esta campaña electoral.
Que esta campaña ha estado teñida de verde se comprueba solo con echar un vistazo a los carteles electorales y demás propaganda de los principales partidos. Sus colores corporativos han desaparecido en favor del verde de la enseña regional, que ha inundado cada mitin. Ha sido especialmente visible en los dos principales partidos, el PP y el PSOE y más significativo en este último caso, puesto que en la anterior campaña, la de 2022, con Juan Espadas como candidato, los socialistas echaron mano del color rojo del PSOE federal abandonando el verde que habían venido usando tradicionalmente.
Que María Jesús Montero haya rescatado el pantone de Susana Díaz, de Manuel Chaves o de José Antonio Griñán muestra hasta qué punto encauzar el sentimiento andaluz se ha convertido en una prioridad para los partidos.
Pero es que no solo el PP -que lo viene haciendo desde que Juanma Moreno está al frente- y el PSOE han apostado por el verde. Adelante Andalucía, el partido fundado por Teresa Rodríguez, se reivindica como el único partido netamente andaluz y andalucista, y Por Andalucía, la plataforma que agrupa a IU, Podemos y Sumar, no deja pasar ni una sola oportunidad de erigirse en defensa de lo andaluz. Hasta Vox, que reniega de la autonomía y pisotea sin pudor la herencia de Blas Infante (el considerado padre de la patria andaluza), ha hecho guiños. En sus carteles, con su verde corporativo oscurecido hacia el pantone oficial de la comunidad y con la bandera de España jibarizada, y en los actos de su candidato, Manuel Gavira, que no ha dudado en citar al cantautor Carlos Cano de vez en cuando.
Que hay un sentimiento andaluz en auge también queda patente con polémicas como la que ha generado estos días la portavoz del PSOE, Montse Mínguez, al asegurar en su perfil de X que estaba convencida de que «los andaluces se levantarán del sofá el 17 de mayo». O con el manifiesto que, precisamente en contra de los bulos de Vox sobre el andalucismo y Blas Infante, han firmado 37 investigadores y profesores universitarios, demostrando, de paso, que la sociedad civil está también presta a defender su orgullo andaluz.
Es, en palabras del politólogo David Hijón, una «recuperación del orgullo de ser andaluz» más que un concepto nacionalista. Un «orgullo por las tradiciones, la historia, cómo hemos mejorado…».
Una recuperación que, explica, comenzó ya en los años 70 y que se ha acentuado de un tiempo a esta parte. Y que, desde un principio, vio el PSOE como una oportunidad cuando casi nadie concedía valor al andalucismo, hasta el punto de que logró apropiarse de esa bandera durante décadas. Hasta que «se durmió» y Juanma Moreno se la arrebató.
El líder del PP se apresuró a ocupar un espacio que los socialistas habían dejado vacío y buscó fuera, explica Hijón, los referentes andalucistas que no tenía. Como el ex ministro Manuel Clavero Arévalo o Alejandro Rojas Marcos, quien fuera alma del extinto Partido Andalucista y hoy convertido en una suerte de albacea de la herencia andalucista.
«Bienvenidos sean todos los que se proclaman andalucistas. El poder andaluz les necesita», dice Rojas Marcos cuando se le pregunta por el auge del andalucismo. Pero, hace una matización y afirma que «es bueno distinguir los que lo son por convicción y los que lo son por interés». «Los originales y los conversos, los que solo dependen del pueblo andaluz y los que dependen del pueblo español», puntualiza.
El último líder del Partido Andalucista no se ha prodigado en la campaña, no ha dado su apoyo expreso a nadie (al menos públicamente) y se ha mantenido a una distancia prudente del debate diario, aunque no ha dudado en agradecer desde cualquier tribuna la concesión de Juanma Moreno de oficializar el 4 de diciembre -la fecha que los andalucistas consideran como la más representativa de Andalucía por la multitudinaria manifestación de 1977 pidiendo la autonomía- como el Día de la Bandera.
Es parte de la estrategia, inteligente, de Juanma Moreno para asegurarse, dice Hijón, el control del discurso andalucista. Una estrategia, abunda el CEO de Dialoga Consultores, que es calcada de la que, en su momento, aplicaron líderes socialistas como José Rodríguez de la Borbolla, Chaves, Griñán o Susana Díaz.
¿Qué pasó para que el PSOE perdiese ese espacio? Hijón dice que lo dejó huérfano cuando Pedro Sánchez uniformizó el partido en toda España y Ferraz se impuso restringiendo la autonomía de federaciones que tenían identidad propia, como la andaluza.
En esta disputa por la herencia andalucista están también quienes se reivindican como los herederos legítimos del andalucismo histórico, los restos del naufragio del Partido Andalucista de Rojas Marcos que en estas elecciones se presentan bajo la marca Andalucistas y Christopher Rivas como candidato y con el partido que él dirige, Andaluces por Sí, como pilar.
Andaluces por Sí fue fundado, precisamente, por antiguos miembros del PA una vez que esta formación aprobó, en 2015, su disolución y conserva cierto poder territorial, con un centenar de concejales y algunas alcaldías.
Rivas, que es teniente de alcalde en Alcalá de Guadaíra (Sevilla), tiene claro que ningún otro partido, al margen del suyo, representa al andalucismo real, el que no depende de una estructura jerarquizada con cúpula en Madrid, el que no es «una sucursal». Ahí incluye a Adelante Andalucía, que no deja de ser, dice, una filial de los Anticapitalistas.
La suya es una formación «de estricta obediencia andaluza» en la que «las decisiones sobre Andalucía se toman en Andalucía».
Admite, pese a eso, que el PP ha sabido apropiarse de esa bandera, que antes tenía el PSOE, y defiende que en contra del proyecto que lidera, Andaluces por Sí, juegan la falta de recursos «y de visibilidad».
En cualquier caso, Rivas, que estos días ha hecho campaña compaginando los actos electorales con sus responsabilidades municipales, pide distinguir entre «andalucismo y verdiblanquismo», señalando que lo que cubre a los grandes partidos que se proclaman andalucistas no es más que una «una capa de verde y blanco«.
«No es posible un andalucismo que parta de cero», puntualiza, por su parte, Rojas Marcos. «Todos los andalucistas, inevitablemente, tienen que asumir, en todo o en parte, el andalucismo de Blas Infante, anterior al golpe fascista, y el del Partido Andalucista, posterior al golpe fascista». Palabra del albacea del andalucismo.


