Podría decirse que Rafael Nadal ha sido para el tenis lo que Julio César representó para la antigua Roma. Una figura dominante, ferozmente competitiva y aparentemente indestructible. Durante más de dos décadas, el balear ha construido una de las trayectorias más legendarias de la historia del deporte, conviviendo desde muy joven con el dolor físico y con la presión inherente a la élite. “Vamos Rafa”, el grito que tantas veces retumbó en las pistas de medio mundo, terminó convirtiéndose en una oda a la épica.
El extenista abre las puertas de su intimidad a través de una docuserie en Netflix que recorre sus miedos, la presión de la élite y el coste emocional del éxito
Podría decirse que Rafael Nadal ha sido para el tenis lo que Julio César representó para la antigua Roma. Una figura dominante, ferozmente competitiva y aparentemente indestructible. Durante más de dos décadas, el balear ha construido una de las trayectorias más legendarias de la historia del deporte, conviviendo desde muy joven con el dolor físico y con la presión inherente a la élite. “Vamos Rafa”, el grito que tantas veces retumbó en las pistas de medio mundo, terminó convirtiéndose en una oda a la épica.
Pero detrás del campeón de 22 Grand Slam y 14 títulos de Roland Garros siempre ha existido también un hombre vulnerable. Así lo refleja Rafa, la docuserie que aterriza en Netflix este viernes, en la que el extenista —que a sus 39 años está centrado principalmente en disfrutar de la paternidad y en la gestión de la Rafa Nadal Academy en Mallorca— se aleja del relato puramente deportivo para mostrar, sin filtros, su faceta más íntima y desconocida.
A lo largo de los cuatro capítulos que componen la producción, Nadal deja al descubierto la fragilidad humana que se escondía tras la imagen del campeón aparentemente invencible.

En esa línea, la serie recorre algunos de los episodios más duros de su vida personal, como la fuerte ansiedad que sufrió en 2016 o el momento en que decidió acudir a un psiquiatra para aprender a gestionar la presión y el desgaste emocional acumulados tras años de competición al máximo nivel. “La gente cree que yo era un ganador. Yo no soy un ganador, soy un competidor”, reflexiona el manacorí ante la cámara en una de las confesiones más reveladoras del documental.
El gran artífice de esa mentalidad competitiva que parecía no tener límites fue su tío y entrenador durante buena parte de su carrera, Toni Nadal, quien llevó al exdeportista hasta una exigencia física y mental extrema. Desde niño, lo sometió a desafíos que iban desde entrenamientos sin poder beber agua hasta disputar torneos con un dedo roto cuando aún era adolescente. “Desde pequeño me gustaban las cosas difíciles porque fui educado por mi tío Toni así”, admite el exjugador.

“Hubo un periodo, que duró aproximadamente un año, en el que no podía controlar cosas que había controlado toda mi vida
Sin embargo, la docuserie también evidencia el coste emocional de aquella presión permanente. Es la propia madre del balear, Ana María Parera, quien reconoce en uno de los capítulos que siempre le inquietó la enorme carga psicológica que soportaba su hijo desde muy joven. Según relata, para él nada parecía ser nunca suficiente.
A pesar de su intachable compromiso y de un palmarés prácticamente irrepetible, el camino de Nadal hacia la gloria ha estado lejos de ser plácido. Uno de los periodos más difíciles de su carrera llegó entre 2015 y 2016, cuando encadenó varios golpes deportivos especialmente duros, entre ellos su segunda derrota en Roland Garros en más de una década.
Aquel bache acabó desembocando en un profundo episodio de ansiedad que alteró incluso su vida cotidiana y le llevó a buscar ayuda psiquiátrica.

“Hubo un periodo, que duró aproximadamente un año, en el que no podía controlar cosas que había controlado toda mi vida. Siempre pensé que podía resolver mis problemas por mi cuenta. Pero llegué a un punto en el que no se trataba solo del tenis. Llegué al punto en que tenía que llevar una botella de agua conmigo porque, de lo contrario, me ahogaba con mi propia saliva. Fue entonces cuando dije: ‘Tengo un problema, necesito ver a un especialista’”.
Pero Nadal nunca ha afrontado en soledad las adversidades que han marcado su carrera. Mery Perelló, su pareja desde hace más de dos décadas y directora desde hace doce años de la Fundación Rafa Nadal, se ha convertido en uno de los grandes pilares de su estabilidad personal y emocional.

Su historia comenzó precisamente en Manacor, donde ambos nacieron y terminaron coincidiendo gracias a la amistad de ella con Maribel Nadal, hermana del deportista. La pareja inició su relación justo cuando el extenista irrumpía definitivamente en la élite mundial del tenis tras conquistar su primer Roland Garros con apenas 19 años. Desde entonces han construido una relación sólida y discreta, siempre alejada de la sobreexposición mediática, y han formado una familia con la llegada, hace cuatro años, del primero de sus dos hijos en común. Fuera de la pista, la vida le sigue sonriendo al gran imperator de la tierra batida.
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