Durante la pandemia, un equipo de físicos de la Universidad de Navarra aprovechó para investigar cómo nos comportamos en la fila manteniendo la distancia de seguridad: si el de delante se movía, si toda ella aceleraba, si alguien se iba… Pero por casualidad, descubrieron algo distinto que los dejó desconcertados: cuando cambiaban de dirección, la mayoría de las personas se giraban hacia la izquierda, en sentido contrario a las agujas del reloj. Intrigados, repitieron el experimento con adultos, adolescentes y niños, en España y en Japón. Y dio igual la cultura, la edad, si eran zurdos o diestros: tendían a ir hacia la izquierda. Los investigadores desconocen la causa de este comportamiento antihorario, pero creen que se encuentra en lo más profundo del ser humano.
Experimentos en España y Japón muestran cómo los humanos cambian de dirección contra las agujas del reloj cuando caminan, ya sean zurdos o diestros
Durante la pandemia, un equipo de físicos de la Universidad de Navarra aprovechó para investigar cómo nos comportamos en la fila manteniendo la distancia de seguridad: si el de delante se movía, si toda ella aceleraba, si alguien se iba… Pero por casualidad, descubrieron algo distinto que los dejó desconcertados: cuando cambiaban de dirección, la mayoría de las personas se giraban hacia la izquierda, en sentido contrario a las agujas del reloj. Intrigados, repitieron el experimento con adultos, adolescentes y niños, en España y en Japón. Y dio igual la cultura, la edad, si eran zurdos o diestros: tendían a ir hacia la izquierda. Los investigadores desconocen la causa de este comportamiento antihorario, pero creen que se encuentra en lo más profundo del ser humano.
“Es un caso de serendipia, de suerte”, dice Iñaki Echeverría, investigador de la Universidad de Navarra y primer autor del estudio que publican este miércoles en Nature Communications. “Estábamos haciendo una serie de experimentos de distanciamiento social en un espacio cerrado”, recuerda. En total fueron 50 ensayos con decenas de personas. “En todos ellos, al dibujar la trayectoria de cada participante, vimos que el movimiento colectivo era antihorario. No fue en 25 ni en 30, fue en todos”, destaca. “Como físicos, nos saltaron las alarmas”, completa.
Buscaron trabajos previos que hubieran estudiado algo así. Uno de ellos investigaba el sentido del giro al llegar a una pared si la persona era diestra o zurda. “Si eran diestros, giraban a la izquierda, y a la derecha si eran zurdos. Ya está, como la mayoría de las personas tiene lateralidad derecha, ya teníamos la explicación”, se dijo Iker Zuriguel, catedrático del departamento de Física y Matemática Aplicada de la Universidad de Navarra y autor sénior del estudio.
Pero a Echeverría, entonces su pupilo, no le bastaba. Insistió en investigarlo y así iniciaron una serie de experimentos sobre si las personas van contra las agujas del reloj. El primero lo realizaron con cerca de 50 personas. Primero determinaron su preferencia de giro. “A cada uno por separado, le pedimos que fuera hacia una pared y volviera, viendo así para dónde giraba. Lo siguiente fue juntar a todos los que por separado volvían por la derecha. ¡Pero, colectivamente, se movieron hacia la izquierda!”, exclama el investigador. Lo mismo sucedió cuando reunieron a todos los zurdos o cuando los mezclaron a todos.

La intriga iba en aumento. Podría ser por las paredes, que al toparse con ellas, emergiera un comportamiento colectivo de este tipo. Algo así se ha observado en las pistas de hielo, que la gente circula dando vueltas contra las agujas del reloj. Y Zuriguel estudia eso, la emergencia de patrones en una multitud, como los que descubrió al estudiar los sanfermines. Así que se fueron al instituto donde había estudiado Echeverría y reclutaron a 200 adolescentes a los que dijeron que caminaran por el patio, un amplio recinto abierto.
“Les dijimos que caminaran separados; eso fue difícil porque eran adolescentes, y lo de separarse no lo llevan bien”, recuerda Zuriguel. Descubrieron que ellos solos, sin que hubiera interacción con las paredes, se ponían a dar vueltas en las que el 75% eran antihorarias. “Ahí ya empezamos a tener una pista de que podía tratarse de un comportamiento individual”, sostiene el catedrático. Ya no eran las paredes, pero tampoco la interacción con los demás.
Podría deberse a alguna norma o convención social. En las grandes ciudades europeas, como Madrid o Barcelona, se forman filas o carriles en las aceras. Los peatones tienden a ir por su derecha. Es lo más eficiente, pero ¿por qué por la derecha? Podría tener que ver con el código de circulación. Así que los investigadores exportaron su quebradero de cabeza a Japón. “A la inversa que en España, los peatones van en Tokio por su izquierda, como hacen con sus coches”, menciona Zuriguel.
En la Universidad de Tokio trabaja el italiano Claudio Feliciani, que aceptó entusiasmado replicar los experimentos hechos en Pamplona. “De hecho, fui revisor de la tesis doctoral de Iñaki [Echeverría] y me intrigó la misteriosa rotación en sentido antihorario”, cuenta Feliciani, coautor del trabajo. “Tenía algunos datos de experimentos antiguos en Japón y los probé, y el resultado fue rotación en sentido antihorario”.
En una de sus pruebas, con niños pequeños que se suponía desconocían el código de circulación u otras normas, comprobó que el 100% de ellos acababa girando hacia la izquierda en el patio de la guardería. Pero era una revisión de anteriores investigaciones, así que realizó una propia, el cuarto experimento. “Estaba seguro de que, realizando experimentos adecuados, obtendríamos una rotación en sentido horario en Japón, como esperaban Iker e Iñaki… pero resultó ser en sentido antihorario de nuevo”, detalla en un correo.
De nuevo en España, los físicos de la Universidad de Navarra realizaron un último experimento. Esta vez reclutaron a más de un centenar de personas y determinaron si eran zurdos o diestros; no solo de la mano, también averiguaron su lateralidad del ojo y la del pie. Y los pusieron a caminar durante un minuto en un círculo. Estaban convencidos de que tenía que ser algo de lateralidad, llegando incluso a taparles un ojo a muchos de ellos. Pero de nuevo, se encontraron con que tres cuartas partes se daban la vuelta hacia la izquierda.
Ni Feliciani, ni Zuriguel, ni Echeverria saben por qué los humanos se giran a la izquierda. “No es ni por la interacción con el entorno ni con los demás; tampoco es por alguna norma social, debe ser algo inherente al ser humano”, opina Echeverría. Feliciani está bastante seguro de que “tiene que ver con cómo procesamos la información espacial y cómo se usa esta información para mover nuestro cuerpo”. Para Zuriguel, “hay que investigar si es algo biomecánico o puramente cerebral”. Aún les queda esa pregunta por responderse, pero piensan que su descubrimiento podría aprovecharse para el diseño de espacios, como centros comerciales, museos o estadios, en los que mucha gente vaya a ir hacia la izquierda.
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