A la apoteosis del duelo ante Taylor Fritz, aquella obra maestra que Carlos Alcaraz había firmado en la víspera, en los cuartos de final –con un clímax sensacional a mitad de partido, cuando el estadounidense goza de dos pelotas de partido, dos bolas que el murciano neutraliza–, le ha seguido un partido más académico, más templado, pues eso exige el tenis de Casper Ruud.
El murciano supera a Casper Ruud (doble 6-4) y buscará el quinto título del año ante la cuarta raqueta del circuito
A la apoteosis del duelo ante Taylor Fritz, aquella obra maestra que Carlos Alcaraz había firmado en la víspera, en los cuartos de final –con un clímax sensacional a mitad de partido, cuando el estadounidense goza de dos pelotas de partido, dos bolas que el murciano neutraliza–, le ha seguido un partido más académico, más templado, pues eso exige el tenis de Casper Ruud.
No importa quién sea el rival: en estos días, Alcaraz se amolda a todo.
Y sostenido por sus sólidos fundamentos y su renovada confianza, desfila en su carruaje, aturde a quien osa retarle y se asoma a la final de este Masters 1.000 de París, donde le espera Ben Shelton, la cuarta raqueta del circuito (este domingo a partir de las 15 h).
Alcaraz se luce ante Ruud: “No necesitas ir al 100%, te basta con el 80 o el 90”, le dice su entrenador
Tendrá su morbo esta final, el Alcaraz-Shelton, pues se anuda con un lazo: a partir de enero, Juan Carlos Ferrero, el técnico que había lanzado la carrera del murciano, se sumará al equipo de trabajo de Ben Shelton.
Cuando le recuerdan ese asunto, Alcaraz sonríe:
–Dentro de poco, tendré que llevar más cuidado con Shelton. Su nivel de juego se va a elevar –decía en estos días, una vez se oficializó la noticia.
(…)
Pero antes, hay que revisar el partido de este sábado, el Alcaraz-Ruud que el murciano resuelve con un doble 6-4 (y una nota de 9.1, según el consenso de los especialistas del circuito ATP) ante un adversario que va de más a menos, herido en un dedo en el segundo set, sin duda desgastado por los esfuerzos de la víspera.
Para entenderlo, hay que retroceder a la madrugada del sábado.
Son más de las dos de la noche y Ruud aún pelea con Nuno Borges, porfía por una plaza en la semifinal pues la jornada se ha eternizado y así son las cosas.
Casi al alba, Ruud se impone, supera al portugués, pero entre pitos y flautas se acuesta más allá de las cinco de la noche y todo eso le pesa, se le viene encima al día siguiente, al toparse con un coloso afinado, pues ese es Alcaraz ahora.
Llegados a este punto del torneo, el murciano ha elevado su tasa de regularidad (si es que ese parámetro es medible), ya no se evade en ningún instante, tampoco concede momentos de desconexión y encima, perfecciona su servicio: despacha el último juego con tres aces, y todo ello sin forzar en exceso.
–Te basta con un 80 o un 90, no tienes que ir al 100% –le decía Samuel López, su entrenador, en algunos tramos.
“Estoy muy orgulloso de cómo lo estoy haciendo en estos días. Suelo sufrir en este torneo, me ha pasado en otras ocasiones. Este año está siendo extraño, pero eso me ha permitido llegar fresco a este final de curso. No puedo esperar a mañana (por este domingo)”, dice tan pronto como le ofrecen el micrófono.
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