Contra toda costumbre, el 25 de agosto del 2001, Mette-Marit y Haakon, los príncipes herederos de Noruega, que hoy celebran sus bodas de plata en horas bajas, entraron juntos en la catedral de Oslo para casarse. El padre de ella había zanjado la polémica días antes de la boda diciendo: “No voy a llevar a mi hija al altar. Esa tradición está reservada para novias vírgenes”.
Después de dos décadas felices, la pareja heredera está viviendo unos años de pesadilla
Contra toda costumbre, el 25 de agosto del 2001, Mette-Marit y Haakon, los príncipes herederos de Noruega, que hoy celebran sus bodas de plata en horas bajas, entraron juntos en la catedral de Oslo para casarse. El padre de ella había zanjado la polémica días antes de la boda diciendo: “No voy a llevar a mi hija al altar. Esa tradición está reservada para novias vírgenes”.
Por anacrónica que parezca ahora esa declaración, no fue el único elemento escandaloso de la boda, pues se decidió que uno de los pajes de la ceremonia fuera el pequeño Marius Borg, el hijo que la novia había tenido de soltera con un hombre que más tarde había ingresado por tráfico de drogas en la cárcel —donde parece que pasará una larga temporada también su hijo—.

Más allá de estos vistosos arreglos en el protocolo nupcial, la boda del heredero del rey Harald V y Sonia de Noruega (la primera reina plebeya de Europa) fue bastante convencional. Fue el contrapunto de una larga lista de informaciones relativas a la problemática juventud de Mette-Marit que días antes de su boda la llevaron a reconocer que había vivido un “pasado salvaje”.
La bondad en su rostro contrastaba con las informaciones sobre su pasado. El concurso de televisión para buscar novio en el que participó se quedó en un juego de niños mientras se revelaban más detalles de su pasado, pero cada información parecía reforzar a la pareja y finalmente Mette-Marit se redimió afrontando los problemas de frente tres días antes de la boda.

Mientras todos esperaban unas azucaradas e inocuas declaraciones en una rueda de prensa con puesta en escena de cuento de hadas, ella dio la campanada aceptando su pasado ante la prensa y el mundo, una sinceridad e integridad abrumadoras que produjeron que ya nadie pudiera hablar de forma punzante sobre su “adolescencia al límite” y de su pasado truculento y descarriado.
Mette-Marit eligió para su gran día un vestido de corte medieval, confeccionado con 125 metros de gasa repartidos en finas capas superpuestas para que, al moverse, simularan olas de arena. El diseño, con drapeado en el pecho y firmado por el modisto noruego Ove Harder Finseth, estaba inspirado en el que lució en su boda la reina Maud, esposa del rey Haakon VII, en julio de 1896. Se encumbró con una tiara que había pertenecido a la misma reina; y con su vistoso ramo, concebido como una larga guirnalda trenzada en forma de cascada de casi un metro de longitud, se convertía en una especie de hada vikinga.

Pero no fue ese el vestido que más dio que hablar en la boda. La modelo noruega Eva Sannum, novia del entonces príncipe Felipe, le robó el protagonismo con un diseño azul tornasolado con amplio escote firmado por la diseñadora Nora Farah. Un look que en Noruega causó sensación y en España, escándalo.
Veinticinco años después de aquel enlace, las sombras de aquella historia vuelven a proyectarse sobre el matrimonio. Después de dos décadas felices en las que Haakon y Mette-Marit dieron la bienvenida a dos hijos, los príncipes Ingrid Alexandra y Sverre Magnus, y afianzaron su camino al trono, les han tocado unos años de pesadilla. Mette-Marit atraviesa uno de los periodos más difíciles de su vida y de su trayectoria como futura reina.

A la presión reputacional provocada por sus vínculos pasados con Jeffrey Epstein se ha sumado el terremoto familiar causado por la condena a su hijo. Y todo ello se ha superpuesto con su propia batalla contra la fibrosis pulmonar, por la que fue sometida en junio a un trasplante de pulmón. Mientras permanece apartada temporalmente de sus obligaciones oficiales y encuentra el apoyo incondicional de su marido en su día a día, el rey Harald V no ha encontrado tregua para abdicar.
Empeora la salud de Harald de Noruega
El rey Harald V de Noruega permanece hospitalizado en Oslo por los efectos secundarios del tratamiento que recibe por su anemia hemolítica. El domingo por la noche la casa real informó del empeoramiento de su salud generada por la acumulación de líquidos por la cortisona que recibió, a lo que ahora se suma una infección bacteriana en la sangre. Aun así, los servicios de comunicación de palacio confirmaron que su evolución es estable y que, por el momento, responde de manera favorable a los antibióticos administrados por el equipo médico. El príncipe Haakon continuará al frente de la corona noruega mientras su padre continúe ingresado en el Hospital Universitario de Oslo, Rikshospitalet. El pasado viernes, la casa real ya confirmó la cancelación de los compromisos del monarca para los próximos 1 y 2 de septiembre, cuando tenía prevista una visita a Trøndelag.
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