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El rechazo de parte de los europeos al acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, que comienza a regir este viernes, no tiene sentido, dice el diputado argentino Damián Arabia. Europa debe decidir qué quiere ser, añade.
«Yo haría una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿Europa quiere liderar el comercio global o refugiarse del comercio global?», ha dicho Arabia durante una entrevista con EL MUNDO en Buenos Aires.
Arabia, de 34 años, lideró la comisión Mercosur-UE en la Cámara de Diputados en el tramo final de las negociaciones culminadas exitosamente en enero de este año. Hasta 2023, era la mano derecha de Patricia Bullrich, frustrada aspirante presidencial aquel año, pero ahora, al igual que su ex jefa, saltó a La Libertad Avanza (LLA), el partido del presidente Javier Milei, cuyo gobierno defiende con énfasis.
– ¿Qué les diría a aquellos consumidores europeos que están convencidos de que van a recibir productos con menos garantías sanitarias y peligrosos para la salud?
– Ese temor es, en gran medida, un mito proteccionista vestido de preocupación sanitaria. Este acuerdo no baja un milímetro los estándares europeos. No entra a Europa nada que no cumpla las normas europeas. Entonces, la pregunta real es si estamos hablando de salud pública o de barreras encubiertas. Mercosur no exporta productos peligrosos. Exporta alimentos de enorme calidad. Argentina, por ejemplo, es una potencia agroalimentaria. Yo lo diría claro: este acuerdo no pone en riesgo a los consumidores europeos; les da más opciones, mejores precios y cadenas de suministro más seguras. Y en un contexto global incierto, eso es una ventaja estratégica.
– Los agricultores europeos temen no estar en condiciones de competir con los productos del Mercosur que ingresen a su mercado.
– Entiendo las preocupaciones, pero el proteccionismo nunca fue una estrategia de futuro. Competir no es una amenaza, es el corazón de una economía dinámica. Además, se exagera el impacto. El acuerdo tiene cuotas, gradualidad, salvaguardas. No es una invasión agrícola. Es integración. Y yo haría una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿Europa quiere liderar el comercio global o refugiarse del comercio global? Porque si se repliega por miedo a competir, pierde influencia.
– ¿En qué se beneficiará Europa?
– Esto abre enormes oportunidades para productores europeos en servicios, industria, tecnología y mercados donde hoy enfrentan barreras. No es un juego de suma cero. Ganamos ambos.
– Este acuerdo era originalmente mucho más ambicioso, incluía una asociación estratégica de fuerte peso político. Finalmente, sólo se pudo poner en marcha, y con dificultades, el acuerdo comercial. ¿Está muerta la asociación estratégica entre la UE y el Mercosur?
– No, yo creo que recién empieza. A veces se quiso construir primero la gran arquitectura política. Yo creo que había que empezar por los cimientos económicos. El comercio crea intereses comunes. Los intereses comunes crean alianza. Y esa alianza puede ser mucho más ambiciosa en energía, minerales críticos, defensa de democracias, tecnología o seguridad. Más que el final de una ambición estratégica, esto puede ser su verdadero nacimiento.
– En medio de las profundas turbulencias económicas y bélicas que sufre el mundo, ¿qué importancia tiene realmente que este acuerdo se ponga en marcha?
– Este acuerdo es mucho más importante que sus aranceles. Es una declaración de principios. Le dice al mundo que dos regiones democráticas creen en comercio, libertad y reglas. En un tiempo de guerras comerciales, subsidios defensivos y tentaciones proteccionistas, eso tiene enorme valor político. No es solo un acuerdo entre mercados. Es un acuerdo entre sociedades que quieren seguir abiertas. Y, francamente, llega con 25 años de demora. Debió ocurrir antes, pero mejor ahora que nunca.
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