La visita al dentista del Barça en València resultó mucho más dolorosa de lo esperado. Apenas dos cuartos fue capaz de dar la cara el equipo azulgrana en el Roig Arena, superado en todo momento por la intensidad física de su rival, que además gozó de mucho más acierto a lo largo de toda la tarde. Calcó el pobre comienzo del partido anterior el Barça, pero en esta ocasión, tras recuperarse en el segundo cuarto gracias a la experiencia de Laprovittola, se hundió definitivamente tras el descanso para terminar dejándose llevar de manera sonrojante. Con todo a favor, se liberó el Valencia en un final que fue una fiesta en el Roig Arena. Pese a la enorme diferencia en el electrónico, la serie se marcha al Palau Blaugrana con el objetivo conseguido por parte del Barça, al haber sido capaz de robar el factor campo a un gran rival.
Los de Pascual solo aguantaron dos cuartos y acabaron sonrojados por su rival
La visita al dentista del Barça en Valencia resultó mucho más dolorosa de lo esperado. Apenas dos cuartos fue capaz de dar la cara el equipo azulgrana en el Roig Arena. Calcó el pobre comienzo del partido anterior, pero en esta ocasión se hundió tras el descanso para terminar dejándose llevar de manera sonrojante. La intensidad del Valencia a lo largo de todo el partido fue demasiado para unos jugadores con un bajo porcentaje de acierto. Con todo a favor, se liberó el Valencia en un final de fiesta en el Roig Arena. Más allá de la diferencia, la serie se marcha al con el objetivo conseguido por parte del Barça de robar el factor campo a un gran rival.
Un Barça oxidado resultó una marioneta en manos del Valencia Basket en un comienzo de partido trágico para los de Pascual. Más de cinco minutos estuvieron sin anotar los azulgranas, maniatados por una defensa excelsa de los valencianos. No había tiros fáciles y todos llegaban en situaciones desesperadas. Punter, Marcos, Clynburn, Fall, Brizuela. Nadie era capaz de anotar. Fue Vesely, con su de toda la vida el que rompió la racha de 11-0.
La intensidad del Valencia no dejó respirar al Barça en ningún momento. Pero tanto Vesely como Laprovittola fueron capaces de encontrar el camino del aro para, al menos, mantener al equipo con vida en el partido. La aparición de Sima en el partido y una canasta sobre la bocina de Jean Montero, el mejor hasta ese momento, dispararon a los locales hasta los 15 de ventaja (26-11).
En el segundo cuarto logró el Barça frenar la sangría. Igualó la intensidad defensiva el equipo de Pascual y en ataque llegó el acierto. Intentaban los azulgrana que su rival no pudiese correr con posesiones largas y con paciencia para encontrar el tiro adecuado. Poco a poco fue contagiando a su rival, aunque durante muchos minutos la distancia se mantuvo en los quince puntos.
En la recta final de la manga apareció el liderazgo de Laprovittola para recortar distancias. Un triple y una penetración rebajó la distancia a los ocho puntos. Colaboraba Shengelia para dejar al Barça a seis (37-31) en una nueva demostración de carácter y veteranía. El Barça volvía a presumir de ser un equipo resiliente ante la adversidad. El partido se convirtió en un cara a cara entre Laprovittola y Montero. Los siete puntos de desventaja al descanso eran una buena noticia para el Barça (45-38).
Sin embargo, los síntomas estaban ahí. Punter y Clyburn solo habían anotado dos puntos cada uno. Y en el tercer cuarto llegó el ocaso definitivo del equipo azulgrana. Un 5/15 en tiros de dos y un 17% de (1/6) desde el triple terminó de destruir las opciones del Barça en el partido. Crecieron Sergio Larrea, Key, Moore y, sobre todo, Jean Montero, el auténtico líder de este equipo y el Valencia se disparó en el electrónico (74-52).
El propio Pascual entendió que el partido se había finiquitado y cambió la rotación del equipo para dar minutos a jugadores menos habituales en el último cuarto. El Valencia siguió pisando el acelerado y el Barça no tenía capacidad para frenar de ninguna forma la sangría. El correcto fue muy severo. Mientras el equipo de Pascual se dejaba llevar, los Moore, De Larrea, Pradilla y Key seguían a lo suyo, convirtiendo el Roig Arena en una auténtica fiesta.
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