El Ejecutivo prometió el acceso preferente de jóvenes y mujeres a través de la plataforma Tierra Joven, pero ocho meses después de anunciarla sigue sin estar operativa según el informe de Cocampo Leer El Ejecutivo prometió el acceso preferente de jóvenes y mujeres a través de la plataforma Tierra Joven, pero ocho meses después de anunciarla sigue sin estar operativa según el informe de Cocampo Leer
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Tras vivir trece años en Madrid, graduarse en Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad Complutense y obtener un máster en Marketing digital, Eva Marín de la Fuente dio un giro a su vida en 2014. A sus 36 años de edad, asumió la gestión de la explotación familiar situada entre Villanueva de Bogas y Tembleque, en la Mancha toledana, donde trabaja cereales de secano, regadío y olivar tras la jubilación de su padre a los 65 años.
Su regreso a trabajar en el campo se debió, según relata, a un factor afectivo con el campo. «Tienes como una especie de vínculo emocional y ves todo el esfuerzo porque no era mi padre, era mi abuelo y los que vinieron antes de ellos. Da mucha pena que de la noche a la mañana algo que se ha cuidado con tanta fuerza se vuelva por los aires», explica la agricultora de Toledo.
Sin embargo, la rutina diaria le mostró las complejidades económicas y de esfuerzo en el sector. «Este trabajo para quererlo tienes que padecerlo», afirma, al tiempo que describe la presión financiera que implica: «Vendes un producto con precios de hace 40 años pero con el nivel de vida actual», lamenta.
Marín es parte de este relevo generacional que requiere el campo, ante esto, rechaza que la falta de jóvenes responda a un desinterés que se tiende a decir en la opinión pública y afirma que «no hay falta de relevo generacional, no hay falta de voluntad ni de chicos ni de chicas. El problema es que tenemos un panorama que no es atractivo», sostiene.
En su opinión, las trabas económicas y el acceso a la superficie marcan el freno principal para abrirse paso en el sector agrario. «El acceso a la tierra es fundamental. Tienes que tener esa garantía porque si no tienes acceso a una tierra no te puedes incorporar a la actividad», dice.
Esta realidad contrasta con el paquete de medidas anunciado en el mes de enero por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, encaminado a abordar el creciente envejecimiento del sector donde más del 40% de los titulares supera los 65 años y solo el 9% tiene menos de 41. Mediante el análisis y subasta de unas 17.000 fincas rústicas de la Administración General del Estado, bajo el plan titulado: Tierra Joven. El Ejecutivo calificó esto como una medida «urgente».
Sin embargo Marín expresa su disconformidad ante las necesidades del sector. «Es curioso que esas fincas sean de menos de una hectárea, cuando a nosotros nos piden, entre comillas, ser cada vez más grandes y tener mayor superficie al final obtienes una miseria de rentabilidad», afirma. Y es que Marín se refiere al estudio realizado por Cocampo sobre estas miles de fincas ofertadas por el Ejecutivo, en el que identifican que tres de cada cuatro fincas del listado ofrecido tienen menos de una hectárea.
Además de que, el listado registra una mediana de superficie de 0,416 hectáreas. Únicamente 176 fincas (el 1,13%) alcanzan o superan las 10 hectáreas, y solo 40 inmuebles (el 0,26%) llegan a las 30 hectáreas. En relación con el valor del terreno, según afirma el informe, el Ejecutivo no precisa la disponibilidad de accesos, derechos de agua o regadío.
Sobre este aspecto, Marín indica la importancia del recurso hídrico: «Donde hay agua hay vida. Si esas fincas en un supuesto caso fuesen todo secano, nuestra rentabilidad sería nula, sería poner dinero continuamente todos los días». Además de no entregar detalles del tipo de finca que se ofertado. «Tú con hectáreas de secano es que no tienes ni para arrancar el tractor», rematando que «no es rentable para nada tiene unos gastos de cara a un contrato de arrendamiento o una declaración de registro, una carga fiscal que no creo que desaparezca».
En este contexto, el secretario de organización de Asaja, Juan José Álvarez, critica la medida y la tacha de insuficiente por el perfil de las fincas ofrecidas para el objetivo anunciado. «Si quieren ayudar al relevo generacional, eso no le vale al campo para las ayudas de incorporación a jóvenes hay que tener más de una hectárea, eso de entrada». Álvarez argumenta que si los terrenos son de secano y de dimensiones inferiores a una hectárea, la producción resulta inviable para profesionales agrarios.
En lugar de este reparto patrimonial, el representante de Asaja reclama otras vías. «Lo que siempre hemos dicho es que si se quiere apoyar al joven agricultor se le apoye de verdad. Hace falta, por ejemplo, tener una discriminación positiva hacia ese joven que se incorpora en materia fiscal donde esa transmisión debería estar exenta», reclama Álvarez.
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