El Real Zaragoza consuma su tragedia. Ironías del destino, en el mismo escenario donde hace 11 años estuvo a siete minutos de lograr el ascenso a Primera, el club emblema de la ribera del Ebro ha certificado este domingo su descenso a Primera Federación tras empatar ante Las Palmas por 1-1. Un resultado justo visto lo visto en el campo, que pone la guinda a una temporada nefasta y priva a la cuarta ciudad de España del fútbol profesional.
Tras 13 años en Segunda y una temporada esperpéntica, este histórico con seis Copas del Rey y un estadio de 173 millones en construcción se cae por méritos propios del fútbol profesional
El Real Zaragoza consuma su tragedia. Ironías del destino, en el mismo escenario donde hace 11 años estuvo a siete minutos de lograr el ascenso a Primera, el club emblema de la ribera del Ebro ha certificado este domingo su descenso a Primera Federación tras empatar ante Las Palmas por 1-1. Un resultado justo visto lo visto en el campo, que pone la guinda a una temporada nefasta y priva a la cuarta ciudad de España del fútbol profesional.
La de hoy era la crónica de una muerte anunciada para una de las instituciones con más solera del fútbol patrio. Con seis Copas del Rey y una Recopa en la vitrina, el Zaragoza ha estado las últimas temporadas jugando con fuego, salvando la categoría en las últimas jornadas. Este año las matemáticas todavía no lo habían condenado, más por deméritos de terceros que méritos propios, pero hoy se ha chamuscado víctima de su inoperancia. Sin alma ni juego, con fichajes que no han dado la talla y una dirección errática en despachos y banquillo, el colista se va a lo que antes era Segunda B con un raquítico botín de 36 puntos en 41 jornadas.
El partido en sí no tuvo mucha historia. Las Palmas, quinto mejor local de la categoría que todavía aspira al ascenso, esperó paciente en el primer tiempo para propinar su zarpazo. Fue obra de Jesé Rodríguez, que en el minuto 40 aprovechó el remate de cabeza de Miyashiro al larguero para rebañar con la derecha.
Frente a ellos, un Zaragoza hoy algo más digno que el resto de la temporada, obediente a la petición de su entrenador, David Navarro, de “no manchar aún más la camiseta”. El equipo tuvo varias oportunidades, incluido el gol del canterano Marcos Cuenca con un zapatazo desde fuera del área en el minuto 74, o un despeje de la defensa canaria en el descuento que acabó en el palo. Pero a este equipo hace varias jornadas que solo le faltaba el certificado de defunción, y hoy este empate insuficiente se lo ha expedido.
El descenso pude poner en entredicho el compromiso de la directiva con el nuevo estadio
El lamento de los jugadores es un amargo consuelo para una afición hundida por la tristeza y la rabia, harta de una plantilla sin calidad ni orgullo y de una directiva ausente de la ciudad y el palco. El fondo inversor de capital americano que desembarcó en 2022 encabezado por el multimillonario de origen cubano Jorge Más, que en estos años tan solo ha visto una decena de partidos in situ, ha logrado reducir las deudas e incrementar los ingresos, pero ha sido incapaz de articular un proyecto deportivo sólido más allá de fichar sin mucho sentido.
Pero más allá de la humillación por perder la categoría, el descenso supone un terremoto en lo deportivo, con el club forzado a afrontar una reforma de arriba abajo la plantilla y el cuerpo técnico, y en lo económico, con la previsible merma de millones de euros por las pérdidas de derechos televisivos, patrocinios y abonos.
Más aún preocupa el compromiso de la directiva con las obras de la Nueva Romareda, un estadio de 173 millones de euros y capacidad para 42.500 persona que será sede del Mundial 2030. El club todavía debe aportar a la sociedad conjunta que forma con el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento 24 millones de euros -5 este año, 12 en 2027 y 7 en 2028 que, sumados a los 16 ya aportados, le darían un 25% de la propiedad-, pero no está claro que con el equipo en Primera RFEF vaya a seguir adelante con este proyecto, lo que obligaría a las autoridades locales a un desembolso aún mayor de lo previsto.
La jornada ha sido nefasta para el fútbol aragonés, que también ha visto perder la categoría al Huesca tras su derrota 0-1 ante el Castellón. El único consuelo para los zaragocistas es que, una vez tocado fondo, hay margen para volver a las esencias con gente de la casa para ir hacia arriba y recuperar un proyecto que devuelva la ilusión al verde y a las gradas. Ahí está el ejemplo del Deportivo, que tragó con el mismo trance en 2020 –pasó cuatro años de calvario en Segunda B- antes de tener la posibilidad de regresar a Primera este año.
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