Jamie Dimon está invirtiendo los fondos propios del banco en defensa y otras industrias vitales, y planea expandirse ampliamente en el sector de la seguridad nacional Leer Jamie Dimon está invirtiendo los fondos propios del banco en defensa y otras industrias vitales, y planea expandirse ampliamente en el sector de la seguridad nacional Leer
En una visita a una fábrica de misiles en Huntsville, Alabama, el pasado otoño, el consejero delegado de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, asentía mientras los ejecutivos de L3Harris explicaban por qué necesitan ayuda para fabricar más motores de cohetes, de elevado coste, para los misiles Tomahawk y los sistemas de defensa de área de gran altitud terminal (Thaad), tan necesarios.
L3Harris depende de la contratación pública federal, que puede ser intermitente, explicó Ken Bedingfield, director financiero de la compañía. Sin capital suficiente, L3Harris no puede simplemente fabricar los motores a gran escala y tenerlos disponibles para venderlos más adelante. La frustración surge en un momento en que Estados Unidos afronta una escasez de existencias de armamento, agravada aún más tras la guerra con Irán.
Esa conversación ayudó a cristalizar una idea más amplia que Dimon llevaba tiempo madurando sobre el papel de JPMorgan en la defensa nacional, y sobre su propio legado, según personas familiarizadas con el asunto.
JPMorgan, el mayor banco de Estados Unidos, lleva mucho tiempo prestando dinero y asesorando a la industria de defensa. Ahora Dimon comenzaría a invertir el propio dinero del banco —habitualmente destinado a préstamos comerciales y de consumo, o invertido en bonos del Tesoro— en la compra de acciones de esas empresas. Es una estrategia inherentemente más arriesgada, pero también potencialmente más rentable.
Poco después de la visita a la fábrica, Dimon anunció que el banco destinaría 10.000 millones de dólares de su capital a invertir directamente en empresas que el banco ha definido como críticas para la seguridad nacional y la autosuficiencia económica.
JPMorgan también afirmó que aumentaría sus préstamos y financiación tradicionales a la seguridad nacional, la defensa y otras industrias, con el objetivo de alcanzar 1,5 billones de dólares en operaciones entre ahora y 2035, trabajando estrechamente con el Gobierno; su colaboración con L3Harris se enmarca en esta categoría. Los banqueros implicados en la llamada «Iniciativa de Seguridad y Resiliencia» afirman que se reúnen semanalmente con responsables del Pentágono y de los departamentos de Energía y Comercio.
El banco contrató a la estrella de la gestión de inversiones de Berkshire Hathaway, Todd Combs, para dirigir el fondo de 10.000 millones de dólares. JPMorgan decidió no invertir su propio dinero en L3Harris, pero hasta el momento ha invertido en una mina de oro en Idaho y en un fabricante con sede en San Diego de drones de combate impulsados por inteligencia artificial. Dimon ha declarado que aspira a destinar finalmente 20.000 millones de dólares o más al fondo.
El nuevo programa recupera una antigua tradición de Wall Street conocida como «banca mercantil», cuando los bancos de la Edad Dorada y sus sucesores en los años 80 invertían su propio capital directamente en acciones de compañías como Consolidated Edison, U.S. Steel y RJR Nabisco, convirtiendo a los banqueros en poderosos artífices de la pujanza industrial estadounidense.
Esta práctica cayó en desuso a medida que reguladores y legisladores culparon a las apuestas arriesgadas del sector bancario de las crisis financieras, incluidas tanto la Gran Depresión como la crisis de 2008, lo que dificultó que las grandes entidades utilizaran su propio capital para invertir en acciones. En los últimos años, los bancos han aprovechado un clima regulatorio más permisivo para realizar inversiones más arriesgadas y competir con las firmas de capital privado y crédito privado.
Esto también sitúa a JPMorgan en sintonía con los objetivos de la Administración Trump de revitalizar la industria de defensa estadounidense. La semana pasada, el presidente convocó en la Casa Blanca a altos cargos del Pentágono y a los principales contratistas militares para debatir el incremento de la producción de munición.
El Gobierno, bajo la presidencia de Trump, ha tomado por sí mismo participaciones en empresas de importancia nacional, entre ellas Intel y U.S. Steel. Esta estrategia rompe con la de administraciones anteriores, que normalmente se convertían en accionistas de empresas estadounidenses solo en momentos de crisis.
JPMorgan también ha mantenido conversaciones sobre la posibilidad de invertir en una nueva iniciativa de fabricación estadounidense impulsada por el fundador de Amazon, Jeff Bezos, amigo de Dimon que además forma parte del consejo asesor de JPMorgan para la iniciativa de seguridad nacional. Bezos pretende recaudar 100.000 millones de dólares para adquirir empresas manufactureras y emplear tecnología de IA para ayudarlas a automatizarse.
Para Dimon, de 70 años, la iniciativa de seguridad nacional forma parte de una estrategia de largo recorrido que constituye el núcleo de su legado como el banquero más destacado de su generación y uno de los ejecutivos más influyentes del país. Al poner en juego el propio dinero del banco en favor de la seguridad nacional, redobla intentos anteriores de catalizar cambios sociales, desde la lucha contra el calentamiento global hasta el empoderamiento de la población negra.
Dimon, aficionado a la historia y fascinado por la Segunda Guerra Mundial, está tan entusiasmado con el proyecto que se plantea seguir implicado incluso después de retirarse como consejero delegado, algo que se espera ocurra en los próximos años, según personas familiarizadas con el asunto.
Los amplios planes —presentados como esfuerzos patrióticos— responden, en su mayor parte, a objetivos para expandir estratégicamente los negocios actuales de JPMorgan. Ejecutivos del banco han señalado que la iniciativa de seguridad nacional ya ha generado nuevos ingresos para la entidad.
También reflejan el papel cada vez más relevante que desempeñan las grandes empresas para ayudar al Gobierno a alcanzar sus objetivos. «Las administraciones federales, estatales y locales están estudiando… [cómo] aprovechar el sector privado para cumplir objetivos que tradicionalmente lograba el Gobierno», afirmó en una entrevista Peter Scher, antiguo responsable de relaciones gubernamentales y filantropía del banco.
«La respuesta abrumadoramente positiva que hemos recibido ante la iniciativa ha reforzado nuestra convicción de que existe una necesidad real de este trabajo, y de que tenemos un papel importante que desempeñar», declaró Doug Petno, directivo de JPMorgan estrechamente vinculado a la iniciativa de seguridad nacional. El ejecutivo fue ascendido la semana pasada a copresidente, lo que lo sitúa como uno de los dos principales candidatos a suceder a Dimon cuando este se retire.
Dimon, que lleva más de dos décadas al frente de JPMorgan, ha presionado durante la mayor parte de ese tiempo para estrechar los vínculos entre el Gobierno y Wall Street, en un intento de lograr que los estadounidenses perciban a los grandes bancos como contribuyentes a la sociedad.
Movilizó recursos para ayudar a Detroit a recuperarse de su bancarrota en 2013 y ha contribuido a organizar entidades cívico-empresariales que asesoran a responsables públicos favorables a las empresas en distintas partes del país, incluido el alcalde de San Francisco, Daniel Lurie.
JPMorgan asegura que su nueva sede en Park Avenue ha generado más de 8.000 empleos vinculados a sindicatos y ha financiado cientos de millones de dólares en renovaciones relacionadas con el transporte público en estaciones de tránsito cercanas. El rascacielos rinde tributo a la sensibilidad patriótica de Dimon, de la que habla a menudo. Está repleto de elementos de la cultura estadounidense y cuenta con lo que él denomina el «Patriot’s Bar», un bar situado en lo alto del edificio decorado con banderas de las épocas de la Revolución y la Guerra Civil. El consejero delegado saluda a la bandera estadounidense cada mañana en la planta baja del edificio.
El último informe financiero anual del banco lleva estampado el logotipo de America250 —JPMorgan patrocina dicha organización— y se titula «Vida, Libertad y la Búsqueda de la Felicidad».
Dimon hizo que el banco destinara 30.000 millones de dólares a un «compromiso de equidad racial» pocos meses después de que las protestas por George Floyd, en 2020, situaran las relaciones raciales en el centro de la política nacional, y comprometió 2,5 billones de dólares para financiar inversiones relacionadas con el cambio climático en 2021.
Algunas personas dentro del banco han señalado que esas iniciativas parecían sobre todo de marketing, ya que la entidad probablemente habría realizado ese trabajo de todos modos. Otras fuentes internas afirman que el banco se toma en serio esos compromisos y hace seguimiento de su evolución. Un portavoz de JPMorgan declaró que el banco ha completado su programa de equidad racial de 30.000 millones de dólares y que avanza hacia el cumplimiento del compromiso de 2,5 billones relacionado con el cambio climático.
El consejero delegado tiene motivos para ganarse el favor de Trump, quien ha criticado duramente a Dimon, a JPMorgan y a otros grandes bancos por considerarlos demasiado «woke» y los ha acusado de cerrar cuentas bancarias a personas conservadoras. Trump ha demandado a JPMorgan y a Dimon por el cierre de las cuentas de su propia familia tras el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. El banco ha declarado que ninguna cuenta debería cerrarse por motivos políticos o religiosos, y ha señalado que respalda los esfuerzos del Gobierno por abordar los problemas regulatorios que han contribuido a esos cierres de cuentas.
A medida que la Administración se ha vuelto más activa en la toma de participaciones en empresas, el banco quiere formar parte de esas operaciones. Y JPMorgan figura entre las entidades que compiten por liderar lo que podría ser una gigantesca oferta de acciones de los gigantes hipotecarios federales Fannie Mae y Freddie Mac.
Dimon ha dicho que la iniciativa de seguridad nacional no responde a un intento de ganarse el favor del presidente, aunque también ha declarado que espera que los responsables de la Administración «lo aprecien».
JPMorgan asesoraba a MP Materials, el mayor fabricante de tierras raras del país, cuando el Pentágono adquirió una participación del 15% en la compañía el año pasado. MP Materials busca reducir el dominio de China en las tierras raras y garantizar que los fabricantes estadounidenses puedan acceder a componentes críticos para la electrónica avanzada.
Las acciones de MP se duplicaron tras el anuncio, y Dimon lamentó que su banco no hubiera invertido junto con el Gobierno estadounidense, según personas familiarizadas con el asunto. Eso, sumado a su viaje a Huntsville, contribuyó a dar vida a la iniciativa de 1,5 billones de dólares.
Dimon pidió a los banqueros de JPMorgan a finales del verano pasado que sondearan a los clientes que pudieran estar dispuestos a aceptar dinero del Gobierno en «asociaciones público-privadas» similares al acuerdo con MP Materials.
Ampliaron el alcance de la iniciativa de seguridad nacional para incluir no solo a empresas de defensa y minería, sino también a compañías de inteligencia artificial y tecnología, así como a fabricantes farmacéuticos.
Los banqueros de Dimon calcularon que, con las estrategias actuales del banco, habrían prestado y asesorado operaciones por valor de aproximadamente un billón de dólares para esos clientes en los próximos diez años. Por ello, fijaron un objetivo de 1,5 billones para la iniciativa, con el fin de mostrar el mayor enfoque puesto en este ámbito. Desde su anuncio a finales del año pasado, JPMorgan ha financiado hasta el momento 150.000 millones de dólares en operaciones a través de la iniciativa.
Formar parte del programa ha ayudado a JPMorgan a obtener aprobaciones internas para préstamos u operaciones que conllevaban mayor riesgo, o que eran un tipo de transacción compleja que el banco podría haber evitado, según banqueros consultados. El banco accedió a financiar una operación de capital para una empresa de defensa italiana que colabora con Lockheed Martin. También agilizó préstamos para una fundición de zinc respaldada por capital surcoreano en Tennessee.
Korea Zinc está construyendo una fundición de minerales en ese estado para producir 13 tipos de minerales críticos en colaboración con los departamentos de Defensa y Comercio de Estados Unidos. JPMorgan tanto estructuró la operación como se comprometió a prestar miles de millones de su propio capital para financiarla.
El banco asesoró a L3Harris, el contratista de defensa, cuando el Pentágono adquirió una participación de capital de 1.000 millones de dólares en su división de misiles en abril, meses después de la visita de Dimon a la fábrica de Huntsville. JPMorgan está cogestionando la oferta pública inicial de esa división de misiles, prevista para este año.
El banco también asesora a un banco de defensa nacional previsto, con sede en Canadá, destinado a ayudar a los países miembros a adquirir armamento mediante la puesta en común de sus recursos colectivos. El Defence, Security and Resilience Bank ha crecido lentamente porque responsables de Alemania y Reino Unido han mostrado su falta de interés en participar, y Estados Unidos no se ha implicado, según fuentes familiarizadas con el asunto. Los miembros de la OTAN debatirán sobre este banco de defensa en la próxima cumbre de la alianza en Ankara, según una de esas fuentes.
Algunos de los proyectos que ahora se destacan públicamente como parte de la iniciativa se habrían llevado a cabo de todos modos, como la fusión de 125.000 millones de dólares entre NextEra Energy y Dominion Energy. JPMorgan asesoró a Dominion Energy, cliente del banco desde hace unas dos décadas, y no aportó capital propio. El banco también contabilizó dentro del total de la iniciativa una oferta pública inicial de 5.000 millones de dólares de una empresa checa de defensa que fabrica drones para la guerra en Ucrania, operación que probablemente habría realizado de todos modos.
JPMorgan ha presentado al Gobierno nombres de empresas que buscan inversores, y ha sido especialmente activo asesorando a contratistas de defensa sobre cómo obtener financiación a bajo coste a través de la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono, según personas familiarizadas con el asunto. Esta oficina proporciona capital a un coste extremadamente bajo para startups vinculadas a la defensa.
Dimon designó a líderes de distintas áreas del banco para la iniciativa de seguridad nacional, incluidos algunos de los banqueros más experimentados de JPMorgan. Su responsable es Jay Horine, un veterano negociador que anteriormente asesoró importantes operaciones del sector del petróleo, el gas y la minería.
El consejero delegado también conformó un comité de ejecutivos corporativos y funcionarios públicos, entre ellos Bezos, la exsecretaria de Estado Condoleezza Rice y el antiguo responsable de ciberseguridad de la NSA, para ayudar al banco a definir su estrategia y encontrar oportunidades de inversión.
Del fondo de seguridad nacional de 10.000 millones de dólares con capital propio del banco, JPMorgan afirma haber invertido ya 2.000 millones de dólares en empresas.
Destinó 75 millones de dólares a la compra de acciones de Perpetua Resources, una empresa minera que extrae oro y antimonio de una cantera abandonada en Idaho. El antimonio es un material crítico de acabado para munición y otro tipo de armamento. Perpetua también ha recibido un préstamo de 3.000 millones de dólares del Export-Import Bank de Estados Unidos, controlado por el Departamento de Comercio.
El fondo también invirtió cantidades no reveladas en Databricks, una empresa de almacenamiento de datos que además ha sido cliente desde hace tiempo de la banca de inversión de JPMorgan para emitir acciones y obtener financiación mediante deuda.
Dimon anunció en marzo una iniciativa independiente, el «American Dream Initiative», con el compromiso de «ampliar las oportunidades para millones de estadounidenses y futuras generaciones mediante inversiones específicas en comunidades locales». El banco afirmó que aumentaría las inversiones en ámbitos como la vivienda, el empleo y la sanidad.
Señaló que el fondo comenzaría con el lanzamiento de un esfuerzo a nivel corporativo para apoyar a 10 millones de pequeñas empresas —frente a los siete millones que atiende actualmente— en los próximos años, además de ampliar su asesoramiento individualizado y asistencia técnica para propietarios de negocios. El banco no facilitó detalles financieros.
Combs, de 55 años, el nuevo gestor del fondo de 10.000 millones de dólares, había formado parte del consejo de administración de JPMorgan, presidido por Dimon, desde 2016, antes de asumir este nuevo cargo.
En Berkshire Hathaway había sido considerado un posible sucesor de Warren Buffett, aunque el puesto finalmente recayó en Greg Abel. Mientras estuvo en Berkshire, Combs colaboró en el lanzamiento de Haven, una iniciativa ya cerrada, impulsada por Dimon, Bezos y Buffett, que buscaba reducir los costes sanitarios mediante la negociación colectiva con las aseguradoras.
Haven cerró tras unos años de actividad porque sus responsables consideraron que sus ambiciones transformadoras resultaban demasiado difíciles de alcanzar entre las tres compañías, según informó previamente The Wall Street Journal, aunque Dimon ha mantenido vivos algunos de esos objetivos a través de Morgan Health, una iniciativa sanitaria posterior.
Cuando fue contratado, Combs fue nombrado asesor estratégico de Dimon. Había asesorado directamente a Dimon sobre la sucesión mientras formaba parte del consejo, y algunos ejecutivos actuales y antiguos incluso habían mencionado su nombre como posible candidato. Personas cercanas a él aseguran que no desea convertirse en consejero delegado del banco.
Dimon ha mantenido en vilo a los inversores respecto a la planificación de su sucesión durante años. El banco anunció la semana pasada dos nuevos copresidentes, Petno y Troy Rohrbaugh, que quedan así como principales candidatos para sucederle.
Ambos ejecutivos fueron además nombrados consejeros delegados de las dos mayores divisiones del banco y recibieron bonos de retención de 30 millones de dólares para asegurar su permanencia. El trabajo de Petno en la iniciativa de seguridad nacional incluye informar al consejo de administración del banco y servir de enlace con los responsables gubernamentales.
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del inglés por Max Estrada
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