Sin la existencia de la Masia, la final del Mundial entre Argentina y España de este domingo sería otra. Qué caray, el fútbol en general sería otro. La influencia del emblemático edificio, símbolo de la cantera del FC Barcelona así como de una manera muy particular de entender este deporte, ha llegado mucho más lejos de lo imaginado cuando se erigió, allá por 1979, como residencia de futbolistas jóvenes venidos de fuera de Barcelona con objeto de agruparlos y tenerlos controlados, pues dormían desperdigados.
Leo Messi y Lamine Yamal, estrellas de Argentina y España, comparten formación y evolución en la cantera del Barça
Sin la existencia de la Masia, la final del Mundial entre Argentina y España de este domingo sería otra. Qué caray, el fútbol en general sería otro. La influencia del emblemático edificio, símbolo de la cantera del FC Barcelona así como de una manera muy particular de entender este deporte, ha llegado mucho más lejos de lo imaginado cuando se erigió, allá por 1979, como residencia de futbolistas jóvenes venidos de fuera de Barcelona con objeto de agruparlos y tenerlos controlados, pues dormían desperdigados.
Messi llegó a los 13 años a Barcelona, bajito y tímido, y hoy es el mejor jugador de todos los tiempos
Aquella idea primigenia fue evolucionando hasta convertirse en una colosal referencia de éxito, representada hoy por los dos futbolistas que más focos atraen del planeta, nada menos que los líderes de los dos finalistas. Por un lado Leo Messi, que aterrizó en el fútbol base blaugrana con solo 13 años sin tener ni idea, renacuajo y tímido él, de que con el tiempo se convertiría en el mejor futbolista de todos los tiempos. Venía superdotado de casa para el balón, pero su paso por la Masia talló el diamante, limpiando sus pocas impurezas hasta integrarlo en un sistema de juego asociativo muy determinado.
La España del 2026, como la campeona del 2010, tiene el sello de la Masia por jugadores y efecto contagio
Por la misma escuela pasaría años después Lamine Yamal, nacido 20 años más tarde que el argentino, catalán nacido en Rocafonda (Mataró), delantero de proximidad mucho más desinhibido en su caso, más virguero que su predecesor en el campo pero igualmente impactante en su irrupción: le hizo debutar Xavi Hernández en el primer equipo con 15 años, una edad que describe su asombrosa precocidad. Todo ha ido a la máxima velocidad desde entonces, de tal modo que si Messi tardó una carrera entera hasta ganar su primer Mundial, Lamine Yamal cuenta ya con una Eurocopa y acaricia la Copa del Mundo. Compararlos es de mal gusto. Messi solo hay uno y Lamine tiene una vida por delante. En los dos convergen un talento individual descomunal y una comprensión muy elevada del fútbol como oficio colectivo. Eso les hace más especiales.
Lamine Yamal incorpora a su portentoso talento individual una idea colectiva aprendida
La Masia ha ofrecido picos de excelencia comparables al presente caso en anteriores ocasiones. El más recordado también lo coprotagonizó Messi al compartir el podio del Balón de Oro del año 2010 junto a Iniesta y Xavi, otras dos obras cumbre de la cantera barcelonista, en su caso como embajadores del centrocampismo, el epicentro del juego de posesión que tanto distingue a la escuela de la que hablamos. Aquel año, no por casualidad, fue el del primer título de la selección española en la Copa del Mundo, a su vez portadora de idéntico gen futbolero por contagio tanto por la amplia representación de futbolistas que jugaban en aquel equipo que mamaron Masia (los mencionados Iniesta y Xavi, más Busquets, Puyol, Piqué, Cesc…) como por la específica y reconocible manera de desenvolverse por el campo. Todos eran entrenados por aquel entonces por Pep Guardiola, sublimador de cabecera de todo el invento por cuanto fue producto esencial de aquel laboratorio como jugador y perfeccionista obsesivo y ganador como entrenador más tarde.
La España que el domingo aspira a bordarse una segunda estrella en la camiseta tiene a Lamine como se ha dicho, pero de la misma quinta y Masia es Pau Cubarsí, así como los titularísimos Dani Olmo y Marc Cucurella. Por su parte, Pedri, aunque de la escuela canaria, se adaptó como un guante al nuevo lenguaje llegando al club como adolescente, y Rodri, aunque sin contacto con el Barça, bebe de las enseñanzas de Sergio Busquets, su precuela estilística como mediocentro, adoctrinado durante años por el citado Guardiola ya como técnico del City. La España ganadora, la del 2010 como la del 2026, versionan a su manera pero fielmente, partituras que se enseñan en la Masia. Luis de la Fuente, igual que antes Luis Aragonés, Del Bosque o Luis Enrique, supieron aprovecharse del modelo que triunfó pegado al lado del Camp Nou, hoy trasladado a la ciudad deportiva implantado a través de una metodología profesional.
La final del Mundial, el máximo acontecimiento futbolístico del planeta, tendrá dos ganadores. España o Argentina y un proyecto concebido en 1979 llamado la Masia.
Deportes
