Ajeno a todo lo que acechaba a su alrededor, como si fuera Santiago Nasar paseando por el pueblo costero colombiano que imaginó Gabriel García Márquez. Nick Kyrgios, al que todos le presuponían un potencial de estrella, lleva dando tumbos durante toda su carrera en el tenis utilizando la raqueta más como adorno y divertimento que como herramienta para ganarse el respeto y la admiración del circuito. A su actitud polémica en la pista, sus numerosas salidas de tono ante un micrófono y su complicada vida extradeportiva, con hábitos lejanos a los de un tenista de élite muchas veces, sumó ayer el enésimo capítulo de lo que parece una muerte deportiva anunciada.
Más conocido por sus polémicas y sus faltas de respeto que por su juego, el australiano fue suspendido ayer provisionalmente al dar positivo por cocaína en Mallorca
Ajeno a todo lo que acechaba a su alrededor, como si fuera Santiago Nasar paseando por el pueblo costero colombiano que imaginó Gabriel García Márquez. Nick Kyrgios, al que todos le presuponían un potencial de estrella, lleva dando tumbos durante toda su carrera en el tenis utilizando la raqueta más como adorno y divertimento que como herramienta para ganarse el respeto y la admiración del circuito. A su actitud polémica en la pista, sus numerosas salidas de tono ante un micrófono y su complicada vida extradeportiva, con hábitos lejanos a los de un tenista de élite muchas veces, sumó ayer el enésimo capítulo de lo que parece una muerte deportiva anunciada.
El australiano fue suspendido provisionalmente ayer tras dar positivo por cocaína en junio durante la disputa del torneo de Mallorca, donde cayó en primera ronda. “Cometí un gran error y asumo toda la responsabilidad. Pido perdón a mis fans, familia, sponsors y a todos mis seres queridos. Por encima de todo lo siento por los niños que me siguen”, escribió en las redes el de Canberra, de 31 años, “profundamente decepcionado” con su actitud.
“Cometí un gran error y asumo toda la responsabilidad. Pido perdón, sobre todo a los niños”, dice el tenista
Más allá de la sanción, lo peor para Kyrgios es que la noticia no fue especialmente sorprendente. El oceánico, ganador de siete títulos que llegó a ser el número 13 del mundo, ha escupido al público en Wimbledon, ha simulado una masturbación durante un partido, le dijo en la pista a Wawrinka que Kokkinakis se acostó con su novia y se ha puesto a comer sushi durante una rueda de prensa. Resulta imposible enumerar las faltas de respeto al rival, a los jueces, a los espectadores y a periodistas o las veces que ha roto una raqueta y ha lanzado una bola con mala intención. Ha sido castigado con varias multas económicas que no le han servido para escarmentar. “Kyrgios le falta al respeto al público, al rival y a sí mismo”, dijo en su día Nadal, uno de los más criticados por el oceánico, que recientemente también ha señalado a Alcaraz y Sinner. “Yo no fallo en los controles”, comentó del italiano tras su positivo por clostebol.
La actitud de bad boy, en sus primeros años incluso admisible, propia de un joven irreverente, se ha convertido en un leitmotiv en su carrera que esconde, en parte, sus problemas personales. “Me autolesionaba. Tenía pensamientos suicidas y luchaba por levantarme de la cama. Estaba solo, deprimido, negativo, abusaba del alcohol, las drogas, alejaba a familiares y amigos”, confesó en su momento más duro, en el 2019, un Kyrgios que un día fue un niño con “sobrepeso” y “marginado”.
Recuperado de esa crisis, Kyrgios volvió a enfocarse en el tenis. Ese saque tan potente como preciso y una derecha muy dañina le elevaron de nuevo hasta alcanzar su única final de Grand Slam en Wimbledon en el 2022 ante Djokovic, aunque con un asterisco porque Nadal no jugó la semifinal por lesión. Pero todo se vino abajo en el torneo de Tokio de ese año.
Primero fue una lesión de rodilla y después llegó lo peor con una rotura total del ligamento escafolunar de la muñeca derecha, de las peores dolencias en el tenis, que le ha obligado a pasar varias veces por el quirófano para reconstruir su mano. Desde que su físico le dijo basta hace cuatro años, ha jugado nueve partidos con dos triunfos. “Las lesiones han hecho mella en mí mentalmente”, indicó tras su positivo, aunque “sin excusas”.
El australiano, irrespetuoso en la pista y atormentado en su vida privada, prestó su lado polémico en la batalla de los sexos ante Sabalenka y poco antes, en marzo del 2025, se quitó la careta de showman en Indian Wells para mostrar unas lágrimas que hablaban de su calvario físico. “Siempre he dicho que no elegí el tenis, el tenis me eligió”, concluyó Kyrgios, ahora el 919 del ranking ATP.
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