No fue Una noche en la ópera, pero se le pareció: una Es-Alert pavorosa en los móviles justo al empezar el partido –¡cuatro gotas!, se dijeron los espectadores en lugar de irse a casa por precaución, civismo y responsabilidad–, homenaje con familia al empleado modélico –el delegado Carles Naval–, balones desinflados, defensa cántabro perpetra dos penaltis, lesión de Joan Garcia fuera del terreno de juego, genialidad del impagable Szczseny –¡homenaje ya!– amago de apagón del alumbrado del Camp Nou…
No fue Una noche en la ópera, pero se le pareció: una Es-Alert pavorosa en los móviles justo al empezar el partido –¡cuatro gotas!, se dijeron los espectadores en lugar de irse a casa por precaución, civismo y responsabilidad–, homenaje con familia al empleado modélico –el delegado Carles Naval–, balones desinflados, defensa cántabro perpetra dos penaltis, lesión de Joan Garcia fuera del terreno de juego, genialidad del impagable Szczseny –¡homenaje ya!– amago de apagón del alumbrado del Camp Nou…Seguir leyendo…
No fue Una noche en la ópera, pero se le pareció: una Es-Alert pavorosa en los móviles justo al empezar el partido –¡cuatro gotas!, se dijeron los espectadores en lugar de irse a casa por precaución, civismo y responsabilidad–, homenaje con familia al empleado modélico –el delegado Carles Naval–, balones desinflados, defensa cántabro perpetra dos penaltis, lesión de Joan Garcia fuera del terreno de juego, genialidad del impagable Szczseny –¡homenaje ya!– amago de apagón del alumbrado del Camp Nou…
Y que no falte el titular para bodas, bautizos y partidos como este: “Lluvia de goles”. Nada menos que nueve…
Noche verbenera: nueve goles, tres penaltis y una vuelta a casa épica
La meteorología se ha convertido en una afición muy del país, como la caza de bolets o los concursos de castells. Gracias al progreso tecnológico, todos tenemos opinión y pronóstico sobre el tiempo en los próximos 12 minutos y medio, de ahí el impacto de una Es-Alert en los móviles, justo cuando los 50.000 intrépidos espectadores se disponían sin saberlo a presenciar uno de los partidos más entretenidos y anecdóticos de la temporada. ¿Se fue alguien a recoger los niños? ¿Sopesaron las autoridades competentes la suspensión del partido, como sin duda habrían hecho con la actividad escolar? ¿Y privar al televidente de una lluvia de goles sin moverse del sofá? ¡Noooo!
El partido fue sandunguero. Desde la prehistoria escolar, uno no veía tantos balones desinflados (en dos ocasiones hubo que parar el juego). El Barça aportó rachas de viento huracanado y ese fútbol fresco que hace olvidar lo sencillo que le resulta al rival marcarle un golito. La gestión de la plantilla parece impecable porque hay competencia, y donde hay competencia la gente espabila. Ver el fútbol desde el banquillo es más aburrido que Barcelona de noche.

El capitán Raphinha y Joao Cancelo –gran lateral a partir de medio campo– se llevaron los parabienes con tres y dos goles, respectivamente. Un hallazgo eso del falso nueve, aunque uno sigue creyendo que no disponer de un nueve clásico es un error, si es que puede hablarse de errores en un Barça que por primera vez acumula siete victorias en un arranque de temporada.
Capítulo aparte para el alemán Adeyemi –tan vistoso como eficaz– y el candidato al Balón de Oro Lamine Yamal, ese premio individual del que muchos aficionados a este deporte colectivo ya estamos hasta el gorro. Menos mal que Lamine marcó y dejó atrás el enfurruñamiento de la primera mitad.
A la hora de cerrar esta edición –como se decía en el viejo periodismo–, el Barça es el rey del mambo. Y los 50.000 espectadores, unos afortunados a los que el cielo castigó por desatender las recomendaciones sobre movilidad, osadía que sin duda debieron de pagar cara al terminar el encuentro. Siempre queda decir aquello de que nos quiten lo bailado, que fue mucho.
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