Además de los goles y las sorpresas deportivas, el Mundial está dejando otro álbum de imágenes para el recuerdo, el de los miembros de la realeza convertidos en hinchas. Aunque su presencia rara vez responde únicamente a la afición por el fútbol, pues cada viaje combina representación institucional, diplomacia y apoyo a un equipo que durante los noventa minutos de juego se convierte en representante de todo un país.
Felipe VI, los reyes de los Países Bajos y la familia real jordana convierten el torneo en escenario diplomático
Además de los goles y las sorpresas deportivas, el Mundial está dejando otro álbum de imágenes para el recuerdo, el de los miembros de la realeza convertidos en hinchas. Aunque su presencia rara vez responde únicamente a la afición por el fútbol, pues cada viaje combina representación institucional, diplomacia y apoyo a un equipo que durante los noventa minutos de juego se convierte en representante de todo un país.
El último en sumarse fue el rey Felipe VI, que la noche del viernes asistió en Guadalajara al partido entre España y Uruguay para celebrar la victoria de la Roja. El desplazamiento coincidía con la visita oficial del Rey a México tras aceptar la invitación de la presidenta Claudia Sheinbaum, con quien dos días antes escenificó la normalización de las relaciones bilaterales entre ambos países tras un periodo marcado por el distanciamiento institucional.

Otro gesto que unió a dos países con historias compartidas fue el de los reyes Guillermo Alejandro y Máxima de los Países Bajos. En la misma jornada, los reyes junto a su hija más joven, la princesa Ariana, pasaron de animar a la selección neerlandesa a celebrar un resultado histórico para Curazao, un país autónomo del Reino de los Países Bajos, ubicado en el sur del mar Caribe, cerca de la costa de Venezuela.

La mañana del sábado comenzó teñida del tradicional naranja neerlandés al que están acostumbrados los reyes Guillermo Y Máxima. En Houston, la pareja asistió a la contundente victoria de los Países Bajos sobre Suecia. Y tras un breve vuelo a Kansas City, la familia real cambió las bufandas naranjas por otras de azul intenso para acompañar al Curazao, que era el equipo más pequeño que disputaba el Mundial en términos de población y tamaño antes de su eliminación frente a Costa de Marfil el jueves.
Felipe VI asistió la noche del viernes a la victoria de la Roja ante Uruguay en Guadalajara
“Es un Mundial extraespecial porque tenemos tanto a los Países Bajos como a Curazao”. “Tenemos el doble de equipos a los que animar. Es una gran oportunidad para apoyar tanto a los Azules como a los Naranjas”, explicó Guillermo Alejandro a la televisión RTL antes de que el Curazao fuese eliminado.
Para la familia real noruega, en cambio, el Mundial ha sido más bien la constatación de un problema interno. Mientras sigue la crisis familiar por la enfermedad de la princesa Mette-Marit, que acaba de ser sometida a un trasplante de pulmón; tras la condena a cuatro años de cárcel al hijo que tuvo ella de soltera, el delincuente sexual Marius Borg; y por el cada vez más evidente deterioro de salud de los reyes Harald V y Sonia de Noruega; es el turno de la nueva generación.

La princesa Ingrid Alexandra, y su hermano, el príncipe Sverre Magnus, viajaron al MetLife Stadium, en Nueva Jersey, para asistir al partido entre Noruega y Senegal el pasado martes, que terminó con victoria noruega por 3-2. La presencia de ambos sustituyó a la inicialmente prevista del príncipe heredero Haakon, que canceló el viaje para permanecer junto a la princesa Mette-Marit. Fue el primer compromiso oficial internacional que los dos jóvenes compartieron representando a la casa real en solitario, y no será el último pues se espera que los hermanos den un paso al frente ante la desastrosa situación que tiene la familia.

También la familia real jordana, de un país debutante en una Copa del Mundo, quiso respaldar a su selección desde el palco. El rey Abdalá II, el príncipe heredero Hussein y la princesa Rajwa estuvieron en San Francisco para presenciar el estreno en el Mundial de su país frente a Austria, acompañados por otros miembros de la familia hachemita. Aunque el resultado fue favorable a los austríacos (3-1), la imagen tenía un fuerte valor simbólico para un país que disputaba por primera vez la fase final de un Mundial. Hussein y Rajwa llevaron a la pequeña princesa Imán, que en un mes cumplirá dos años.
Jordania se estrenó en el Mundial, Guillermo Alejandro animó a dos equipos y hubo relevo generacional noruego
Y la representación japonesa volvió a recaer en la princesa Hisako de Takamado otro Mundial. Esta integrante de la familia imperial, uno de los rostros más reconocibles de la diplomacia deportiva japonesa, asistió en Monterrey al encuentro entre Japón y Túnez, que concluyó con una victoria nipona por 4-0. Su presencia revestía además un carácter simbólico, ya que el partido fue el número 1.000 en la historia de los Mundiales masculinos y contó también con la asistencia del presidente de la FIFA, Gianni Infantino.
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