Podrían haberles regalado un ramo de flores, una tarta de queso o una invitación al Kasama —un popular restaurante de comida filipina en el oeste de Chicago—, pero Allison Sefcovic y Payton Kohlberg decidieron obsequiar a sus madres con otra cosa. Bautizaron a una nueva especie de anfibio primitivo como Jeanerpeton mazonensis, en honor a “Jeane”, el nombre de las mamás de ambas estudiantes. Los resultados del descubrimiento, publicados este jueves en el Journal of Vertebrate Paleontology, son una prueba de que en los abundantes yacimientos fósiles del Carbonífero tardío de Mazon Creek (Illinois, Estados Unidos) había registros de más especies de anfibios primitivos de las que se creían.
El hallazgo permite afirmar que en la zona donde se encontró el fósil había más variedad de estos animales de la que inicialmente se creía

Podrían haberles regalado un ramo de flores, una tarta de queso o una invitación al Kasama —un popular restaurante de comida filipina en el oeste de Chicago—, pero Allison Sefcovic y Payton Kohlberg decidieron obsequiar a sus madres con otra cosa. Bautizaron a una nueva especie de anfibio primitivo como Jeanerpeton mazonensis, en honor a “Jeane”, el nombre de las mamás de ambas estudiantes. Los resultados del descubrimiento, publicados este jueves en el Journal of Vertebrate Paleontology, son una prueba de que en los abundantes yacimientos fósiles del Carbonífero tardío de Mazon Creek (Illinois, Estados Unidos) había registros de más especies de anfibios primitivos de las que se creían.
Todo empezó durante el verano de 2025, cuando Allison Sefcovic y Payton Kohlberg fueron admitidas en el programa Women in Science (Mujeres en la ciencia) del Museo Field, en Chicago. A Sefcovic le correspondió analizar el fósil FMNH PR 558, un ejemplar “inusual o aberrante” —según rezaba la descripción— de Amphibamus grandiceps, una especie de anfibio ancestral, cuyos fósiles son muy abundantes en Mazon Creek, en especial los del periodo que comprende entre 300 a 320 millones de años atrás. Pero FMNH PR 558 no era un ejemplar ni “inusual” ni “aberrante” de Amphibamus grandiceps. Era, sencillamente, un ejemplar de otra especie.

Las claves
En buena medida, ese descubrimiento se debe a la mirada atenta de Sefcovic. Esta estudiante de primer año de Biología Molecular en la Universidad de Michigan se dio cuenta de que el fósil presentaba diferencias respecto a la especie bajo la que había sido clasificada inicialmente. Tenía un “hocico más estrecho, dientes puntiagudos y 22 vértebras en el tronco, en lugar de 20”, explica en una videollamada con este diario. Las diferencias fueron analizadas en el laboratorio, donde Sefcovic recibió la ayuda de Kohlberg, hasta que estuvieron casi seguras de que tenían entre manos una especie nueva.
Para corroborarlo, acudieron al conservador auxiliar de peces fósiles y tetrápodos primitivos en el Museo Field, Arjan Mann —lo específico del cargo se debe al inmenso catálogo de fósiles que conserva el museo: con más de 40.000 ejemplares provenientes de Mazon Creek—. Tras analizar los hallazgos de sus pupilas, Mann se sintió conmovido (y un poco avergonzado también). Él había estudiado ese fósil en 2019, aunque se había concentrado en las almohadillas de las patas, y no se percató de las diferencias anatómicas que Sefcovic y Kohlberg notaron. “Como científico, siempre resulta un poco humillante darte cuenta de que se te escapan algunos detalles”, cuenta entre risas en la misma videollamada junto a las dos estudiantes.
Un legado familiar
El descubrimiento les daba el derecho a Sefcovic y Kohlberg de nombrar a la nueva especie. Como sus madres eran tocayas, decidieron usar “Jeane” para bautizar a la criatura. Además, les pareció que llamarla así era un guiño hacia el programa en donde se habían conocido (Women in Science) y una forma de “rendir homenaje” a las mujeres de sus vidas. El resto del nombre de Jeanerpeton mazonensis sigue los códigos establecidos por la nomenclatura biológica: la palabra griega erpeton, que significa “animal que se arrastra”, y mazonensis, en referencia a Mazon Creek, combinada con el sufijo latino ensis (“procedente de” o “habitante de”).

Cuando Allison Sefcovic le contó a su madre la decisión que había tomado, ella creyó que su hija estaba bromeando. “Tardó dos semanas en entender que iba en serio”, relata. Kohlberg cuenta que, cuando le comentó la noticia a su madre, ella estaba “muy alegre, sonriente y feliz”. “Creo que se sintió muy honrada de que hiciera eso por ella”, puntualiza.
El descubrimiento de Jeanerpeton mazonensis, comenta el paleontólogo y profesor de la Universidad Complutense, Jesús Marugán, es una prueba de que las grandes ramas de los anfibios modernos debieron separarse hace más de 300 millones de años. Al teléfono, Marugán añade que esta nueva especie refuerza la idea de que los temnospóndilos —parientes lejanos dentro del grupo general de los anfibios— no fueron una “anécdota” o un “intento fallido del Carbonífero”, sino un grupo muy bien adaptado. Prueba de ello es que hubiesen convivido Jeanerpeton mazonensis y Amphibamus grandiceps en un mismo lugar y durante un mismo periodo. Ahora se sabe gracias a la atenta mirada de las hijas de dos Jeane de Illinois.
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