El Departamento de Marco Rubio tilda lo ocurrido en Ceuta de «flagrante violación de la soberanía» y afirma que «considera acciones para defender a sus ciudadanos» Leer El Departamento de Marco Rubio tilda lo ocurrido en Ceuta de «flagrante violación de la soberanía» y afirma que «considera acciones para defender a sus ciudadanos» Leer
La geopolítica moderna se ha convertido en un juego constante de provocaciones, globos sonda y desafíos híbridos. Lo vemos cada día con Rusia en Ucrania, pero también, y sobre todo, en los países bálticos, Polonia o Rumanía, con aviones que violan el espacio aéreo, drones «perdidos» o el lanzamiento por la fuerza a miles de personas traídas de todas partes del planeta a la frontera bielorrusa. Marruecos lleva décadas jugando a lo mismo. A veces a pequeña escala y otras, como en 2021 o esta semana, de forma masiva. Rabat y su rey quieren ver cómo reacciona el Gobierno español, su firmeza, cuál es su primer instinto. Pero también quieren ver la reacción de la población española, los analistas y los partidos políticos. Si hay unidad o división. Quieren conocer, desde luego, la reacción de los socios europeos, los de la OTAN y, sobre todo, la de Estados Unidos. Por desgracia para España, los mensajes que ha recibido Marruecos estos días son devastadores.
Dentro, un Gobierno que no sólo no planta cara, sino que da las gracias por la cooperación a quien instigó el ataque híbrido. Y una oposición que parece más preocupada por derribar al Ejecutivo que por los agresores y satisfecha por las críticas globales, como si afectaran sólo al presidente y no al país. Fuera, una ristra de socios e instituciones europeas que, en vez de mostrar solidaridad, como ocurrió cuando Putin usó estas mismas armas en el Este, arremeten contra España o su Gobierno hablando de inmigración y regularizaciones y proponen el aislamiento limitando Schengen. Y Estados Unidos, el aliado indispensable en la OTAN, cargando contra Pedro Sánchez, culpando de lo ocurrido a las políticas de izquierdas y globalistas y poniendo encima de la mesa una extraña advertencia sobre posibles «acciones» para defender a sus ciudadanos.
La política exterior española, en esta legislatura, ha apostado por antagonizar con Israel y Estados Unidos. Por diferentes razones, en diferentes momentos. Una decisión arriesgada y consciente, a veces por valores y en defensa de la legalidad internacional y los derechos humanos, a veces por ideología, a veces por intereses electorales. Washington y Tel Aviv, ahora, ajustan cuentas. En las redes sociales como los ministros y diplomáticos israelíes, que se burlan, ironizan y disfrutan con las imágenes. «Mis felicitaciones al presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, por su profundo compromiso con la acogida de la inmigración y la ‘diversidad humana'», ha escrito, por ejemplo, el ministro Itamar Ben-Gvir, conocido por sus declaraciones incendiarias contra los palestinos y a favor de una limpieza étnica en Gaza, en su cuenta de redes sociales. La embajadora israelí en España tuvo que salir a desacreditar a su colega ante la ONU después de que este hablara de «enclaves coloniales» al referirse a Ceuta y Melilla.
El caso de Estados Unidos es diferente. Se juntan los choques del último año y medio, la animadversión ideológica al Ejecutivo español, la presencia de bases militares, la creciente afinidad con Marruecos y, sobre todo, el encaje perfecto de lo sucedido con la retórica antimigratoria de Donald Trump y los suyos, volcados desde hace años en un relato catastrofista sobre Europa, el islam y el suicidio civilizatorio. «Cuando vi lo que pasó en España, me dije: ‘Vaya, eso va a ser un tema de conversación para nuestras elecciones de noviembre’. Están invadiendo el país, miles, decenas de miles de personas. Eso es por tener unas leyes débiles, mala gestión, leyes muy de izquierdas«, ha declarado este viernes Trump, leyéndolo en clave nacional. «Si gana el otro bando, esto es lo que vamos a tener aquí».
Poco antes, el Departamento de Estado norteamericano había lanzado un mensaje de condena, solidaridad y advertencia al mismo tiempo por lo ocurrido en Ceuta y Melilla. Un comunicado ambiguo con lo que parecía una amenaza velada, pero sin definir exactamente a quién iba dirigida y cómo. «Estados Unidos se encuentra al lado del pueblo de España, y de todos los europeos, frente a esta flagrante violación de su soberanía y de los derechos humanos», empieza el tuit del departamento dirigido por Marco Rubio. La primera señal en esa dirección tras las críticas del día anterior de la Casa Blanca o del Departamento de Seguridad Nacional. Acto seguido, sin embargo, el tono cambió completamente. «Este incidente inaceptable es el resultado directo de los esfuerzos deliberados del Gobierno español para facilitar y promover la migración ilegal masiva hacia Europa. Estamos considerando acciones para defender a los estadounidenses en el país y en el extranjero de esta amenaza, y estamos listos para ayudar a otros aliados europeos que consideren opciones similares», concluía la publicación.
Hay muchas ideas en pocas líneas. Por un lado, la constatación de que para Washington lo visto es una violación de la soberanía española, pero sin ninguna condena a Marruecos, a su rey o a su Gobierno, al que este jueves Marco Rubio elogiaba y definía como un gran aliado y «garante de la estabilidad en la región». Por otro, la condena una vez más al Gobierno español y a la izquierda en general, asumiendo que la llegada de decenas de miles de personas es culpa directa de las políticas migratorias españolas, y no de las acciones de Rabat.
Pero la parte más críptica es la final, en la que Estados Unidos dice que «considera acciones» para proteger a los estadounidenses «en casa y en el extranjero» y que está preparado para ayudar a «otros aliados que consideren opciones similares».
En 2022, España albergó la cumbre de la OTAN y uno de los debates periféricos principales fue qué haría la Alianza si algo muy serio pasara en Ceuta y Melilla. La cuestión es aparentemente sencilla, pero la respuesta no, pues no hay una garantía automática de que un ataque contra las dos ciudades active el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte. El artículo 6, que delimita el ámbito geográfico de aplicación de la defensa colectiva, menciona el territorio de los aliados en Europa y Norteamérica, además de determinadas islas y fuerzas desplegadas. Ceuta y Melilla no aparecen citadas porque cuando se firmó el tratado en 1949 España no era miembro. Durante la cumbre, el presidente español aseguró que el nuevo Concepto Estratégico despejaba cualquier duda y que la OTAN defendería «la integridad territorial de todos los aliados». Pero el resto de líderes fueron más ambiguos, dejando la sensación de que cualquier decisión sería política más que una obligación vinculante y dependería del momento y las circunstancias. El momento ahora no puede ser peor, y si alguien lo sabe, es Marruecos.
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