Si era por la cantidad de camisetas amarillas en el estadio New York/New Jersey, mucho más numerosas que las rojas de Noruega, y por las apuestas, era evidente que Brasil partía como favorita para entrar en la ronda de octavos del mundial.
El delantero del City marcó dos goles y empata con Messi y Mbappé
Si era por la cantidad de camisetas amarillas en el estadio New York/New Jersey, mucho más numerosas que las rojas de Noruega, y por las apuestas, era evidente que Brasil partía como favorita para entrar en la ronda de octavos del mundial.
Pero los aficionados norteuropeos, los vikingos, creían en un poder superior para contrarrestar a los cariocas: Erling Haaland, su particular Thor moderno, ese delantero al que le basta un toque para anotar.
“Este Brasil no es lo que era, no Bebeto, no Romario, ¡no Pelé!, sostuvo John, llegado desde Oslo y asesor inmobiliario. Él, como cualquier otro, daba ganador a su selección en un partido “muy ajustado” y siempre marcaba Haaland.
Los noruegos saben por quién apuestan. La selección tetracampeona se marchó de vacío, víctima del martillo de Haaland, que marcó dos goles y desnudó a un Brasil que solo juega la táctica de Vinicius. Consiste en el manual de Ancelotti, que es salir al contraataque aprovechando la rapidez y el desborde del extremo del Madrid.
Pero delante estuvo una Noruega que remó y confió en su héroe. Ya lleva siete goles, los mismos que Messi y Mbappé en la lucha por la Bota de Oro. El nueve de los rojos había hecho 20 toques cuando en el minuto 79 hizo el 21, que supuso el primer gol. Gran asistencia de Schjelderup y remate de cabeza de Haaland, superando a Gabriel.
Si se esperaba tensión, Nyad evitó con una gran atajada el que habría sido el autogol del campeonato. Y otra vez Haaland, con el mismo asistente, controló y batió a Becker por segunda vez. Era el minuto 90. Neymar aún tuvo tiempo para recortar de penalti en el 99, la segunda pena máxima para los sudamericanos. La primera la marcó Guimaraes a los 14 minutos de partido.

Tras recortar distancias, ya no hubo tiempo para más. Los aficionados y los jugadores noruegos volvieron a establecer la comunión del remo, ese gran show en el que se unen los de la grada y los del césped para hacer como si avanzaran con su embarcación. Van a territorio desconocido. Ver y escuchar ese espectáculo emociona.
El entusiasmo amarillo se apagó. Surgió la frustración. Hacía más de 20 años que estos dos equipos no se enfrentaban. Noruega ganó este choque, el quinto, y esto significa que no pierde con Brasil. En dos de esos partidos ganaron los europeos y los otros se saldaron con empates.
Desde el arranque se vio que Noruega quería la pelota y que Brasil, que realmente no es lo que era, solo esperaba una genialidad de Vinicius.
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