SaludLa radioterapia es, desde hace décadas, uno de los tratamientos más habituales contra el cáncer. Funciona, básicamente, mediante radiaciones de alta energía que destruyen las células tumorales o frenan su crecimiento. En los últimos años, sin embargo, los avances tecnológicos han permitido desarrollar nuevas técnicas que aumentan la precisión del tratamiento y reducen sus efectos sobre los tejidos sanos, como es el caso de la protonterapia.
Esta nueva generación de radioterapia resulta especialmente útil en niños y niñas, y en tumores cerca del cerebro, la médula o los ojos
La radioterapia es, desde hace décadas, uno de los tratamientos más habituales contra el cáncer. Funciona, básicamente, mediante radiaciones de alta energía que destruyen las células tumorales o frenan su crecimiento. En los últimos años, sin embargo, los avances tecnológicos han permitido desarrollar nuevas técnicas que aumentan la precisión del tratamiento y reducen sus efectos sobre los tejidos sanos, como es el caso de la protonterapia.
Especialistas del Hospital Clínic Barcelona explican que la principal diferencia entre la radioterapia convencional y la protonterapia está en el tipo de partículas. Los tratamientos tradicionales emplean fotones (como los rayos X), mientras que la protonterapia utiliza protones, partículas con carga positiva que liberan la mayor parte de su energía en un punto concreto de su recorrido.
Nuevas opciones
La protonterapia puede ser una alternativa clave para niños y niñas con cáncer
Esta característica permite administrar la “dosis ideal” de radiación en la zona exacta del tumor y reducir la exposición de los tejidos que lo rodean, sobre todo los que están detrás de la lesión. Por eso, la protonterapia puede resultar especialmente útil cuando el cáncer se localiza cerca de zonas delicadas, como el cerebro, la médula espinal o los ojos. También puede ser una alternativa clave para niños y niñas, en quienes es prioritario reducir la radiación sobre los tejidos sanos. Y para tumores cuya localización dificulta la irradiación sin afectar a los órganos cercanos.
Los especialistas subrayan que esta tecnología no siempre es superior a la radioterapia convencional. La elección del tratamiento depende de las características de cada persona, del tipo de tumor y de su localización. Por eso, hay que valorar caso por caso si la protonterapia aporta un beneficio clínico real.
Futuro próximo
La protonterapia se consolidará como herramienta clave dentro de la medicina personalizada
Su disponibilidad sigue siendo limitada por la complejidad tecnológica que conlleva. Los protones son unas 1.800 veces más masivos que los electrones (las partículas que aceleran los equipos de radioterapia convencional), lo que obliga a disponer de aceleradores de partículas muy sofisticados y de gran tamaño, como los ciclotrones o los sincrotrones. El tratamiento también requiere sistemas avanzados de administración que lo adapten a la forma exacta de cada tumor.
La protonterapia supone un “paso adelante” en la radioterapia oncológica que previsiblemente seguirá desarrollándose y abrirá nuevas vías en el tratamiento del cáncer. Los especialistas no creen que sustituya a la gran mayoría de los tratamientos actuales, pero sí que se consolide como una herramienta de gran valor dentro de la medicina personalizada del futuro.
