El fútbol, material fluctuante por naturaleza, sigue bajo control en el FC Barcelona dominado por un entrenador alemán que no encuentra disidentes. No los hay entre los directivos, individuos con inclinación a la conspiración, ni entre los aficionados, rendidos a las señales que le envía su equipo, ni siquiera entre los periodistas, unánimes ante lo que ven sus ojos durante los partidos. Hansi Flick, el gran éxito de Joan Laporta, hábil e intrépido cuando elige entrenadores a largo plazo, ha arrancado su tercera temporada con un paso firme que anticipa las cotas más altas. Estamos en agosto, dirán los agoreros, pero precisamente uno de los éxitos del entrenador alemán es haber reducido su número en un entorno barcelonista extrañamente domesticado. Entusiasma y enamora el equipo de Flick, ganador de dos Ligas, una Copa y dos Supercopas y perfeccionado este verano con la clara intención de subir el escalón que le falta, el europeo.
El proyecto del alemán apunta a lo más alto en su nueva temporada con el Barça
El fútbol, material fluctuante por naturaleza, sigue bajo control en el FC Barcelona dominado por un entrenador alemán que no encuentra disidentes. No los hay entre los directivos, individuos con inclinación a la conspiración, ni entre los aficionados, rendidos a las señales que le envía su equipo, ni siquiera entre los periodistas, unánimes ante lo que ven sus ojos durante los partidos. Hansi Flick, el gran éxito de Joan Laporta, hábil e intrépido cuando elige entrenadores a largo plazo, ha arrancado su tercera temporada con un paso firme que anticipa las cotas más altas. Estamos en agosto, dirán los agoreros, pero precisamente uno de los éxitos del entrenador alemán es haber reducido su número en un entorno barcelonista extrañamente domesticado. Entusiasma y enamora el equipo de Flick, ganador de dos Ligas, una Copa y dos Supercopas y perfeccionado este verano con la clara intención de subir el escalón que le falta, el europeo.
Han bastado dos partidos de Liga, en el terreno del Elche (0-5) y ante el Athletic en el Spotify Camp Nou (2-0), para testar en especial a los nuevos fichajes, melones por abrir siempre cuando se trata de valorar dos aspectos esenciales: si soportarán el peso de la camiseta y si se adaptarán al peculiar estilo de juego, a ratos asociativo y a ratos vertiginoso. Tanto Anthony Gordon como Karim Adeyemi han demostrado una rápida adaptación al nuevo hábitat.
No es casual que ambos futbolistas fueran peticiones directas de Hansi Flick, atendidas por Deco demostrando que entrenador y director técnico trabajan en sintonía. Da la sensación de que tanto el delantero inglés como el alemán sabían adonde venían. Su casillero de asistencias y goles ya se ha inaugurado. Dos pases de gol el británico; un gol y una intervención clave en otro, el germano. En el caso de Rodri escasean las dudas. Se trata de un futbolista tan consagrado (viene de ser elegido el mejor del Mundial) y su demarcación, la de mediocentro, es tan especial en el linaje blaugrana que localizar a alguien que discuta el fichaje es una odisea. El temor que infunde en los rivales la adquisición sirve como termómetro para medir el logro.
La plantilla es larga, la diferencia entre titulares y suplentes se difumina y el entorno rema
Los recién llegados han multiplicado la competencia. La plantilla cuenta ahora con unos 17-18 futbolistas con aspiraciones sólidas a la titularidad, la línea respecto a los suplentes se ha difuminado. En cuanto al delantero centro, Flick quería a Julián Alvárez pero ya se ha hecho a la idea de que no podrá ser. El alemán se siente fuerte (lo es, pocas veces un entrenador en can Barça gozó de tal cobertura aérea), ha entendido las circunstancias y ha elegido a Raphinha como punta con nota. A falta de saber cómo rendirá el brasileño en espacios reducidos ante defensas más cerradas, Flick puede elegir a Fermín (¿alguien en su sano juicio lo cambiaría por Julián?) o a Dani Olmo.
El Barça, a ojos del planeta fútbol el equipo base de la selección campeona del mundo, ha recuperado también ese aura de equipo intimidante que perdió. En el club no disimulan su fe en Flick y su equipo. El fútbol da muchas vueltas pero el optimismo está justificado. Aunque sea agosto.
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