Huo Meng retrata con una claridad y belleza desusada las contradicciones de una sociedad que se deshace mientras crece Leer Huo Meng retrata con una claridad y belleza desusada las contradicciones de una sociedad que se deshace mientras crece Leer
Era Groucho Marx el que, consciente de que hay asuntos tan sencillos que hasta un niño de cuatros años puede comprender, corría a exigir que le trajeran inmediatamente uno, un crío de cuatro años. Y dicho y hecho, el niño. En este caso lo complicado de entender es China, todo ella en general y la parte de ella que tiene que ver con los tiempos modernos. Vivir la tierra, de Huo Meng, demuestra así que todavía queda un marxista en el mundo.
Desde la certeza de la imagen franca, el retrato claro y el cine siempre a la altura de los ojos de sus personajes, el director chino narra el otro lado de la gran revolución de su país que durante tanto tiempo y de forma tan feroz ha ocupado a cineastas como Jia Zhangke o Wang Bing, por citar lo más evidente. Ahora no se trata de contar la epopeya de los pueblos anegados por la descomunal construcción de una presa que todo lo inunda, tampoco la idea es narrar la descomposición de ciudades cada vez más anónimas, cada vez más violentas, cada vez más deshumanizadas. La narración se desnuda en el detalle y transparencia de la mirada de, en efecto, un crío abandonado por sus padres en un pueblo perdido. Suena cursi y, en verdad, es tremendo.
En la China de principio de los años 90, el mundo rural se descompone ante la industrialización a marchas forzadas que todo lo llena de barro. Los padres del protagonista emigran a la ciudad y el crío queda atrás con la familia en la aldea que se debate entre lo viejo y lo nuevo, entre la tradición y la promesa de algo mejor. Vivir la tierra propone una mirada humanista, pero sin paternalismos; curiosa, pero sin caer en la etnografía de salón; dramática, pero sin pomposidades; tierna y cargada de humor, pero que duele. Tan transparente, decíamos, como la explicación de un niño. En este caso es algo mayor de cuatro años, pero su fe marxista resulta indeleble.
—
Director: Huo Meng. Intérpretes: Wang Shang, Zhang Chuwen, Zhang Yanrong, Zhang Caixia, Cao Lingzhi. Duración: 132 minutos. Nacionalidad: China.
Cultura // elmundo
