La dificultad de adquirir o levantar nuevas instalaciones de la empresa española da razones para una alianza que provoca un hundimiento en bolsa Leer La dificultad de adquirir o levantar nuevas instalaciones de la empresa española da razones para una alianza que provoca un hundimiento en bolsa Leer
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Indra y Santa Bárbara están cerca de solucionar la guerra que llevan manteniendo los últimos dos años. El relevo de la dirección de Indra por otra sin cuentas pendientes con la empresa estadounidense, tras el fallido intento de compra del pasado año, y la imperiosa necesidad industrial que tienen ambas empresas están allanando el camino hacia una resolución que parecería increíble hace solo tres meses (como tantas otras cosas en Indra).
Por parte de Santa Bárbara, la presión del Ministerio de Defensa, con la paralización de varios contratos claves para el día a día de la empresa de defensa, también ha hecho mella en su postura y ahora sobre la mesa vuelve a estar la posibilidad de que ambas empresas compartan contratos hasta el punto de incluso formar una filial conjunta, señalan varias fuentes sobre una información que adelantó Expansión y sobre la que las empresas implicadas no hacen comentarios, mientras que en la industria le dan credibilidad. También en el mercado, ya que que ha supuesto un desplome de la acción de Indra, con caídas del 7,2% el pasado jueves que se une a otra de más del 4% el día anterior, arrastrada por el naufragio del proyecto de fragatas alemán de Rheinmetall, que se dejó un 19% en bolsa.
Los gestos públicos se vienen sucediendo. Primero, tanto José Vicente de los Mozos antes de su cese como Ángel Simón tendieron la mano en público a reconsiderar la relación con Santa Bárbara y cooperar en los proyectos de defensa que tiene Indra en su mano. La empresa propiedad de General Dynamics tomó la mano y, pese a que presentó un recurso contra la adjudicación de los proyectos de artillería a Indra ante la Audiencia Nacional cambió fuertemente el tono del mensaje. Fuentes de la compañía atribuían la presentación del recurso a un tema «procedimental» y confirmaban las conversaciones con «el propósito de unir al sector, generar sinergias y aprovechar todas la capacidades industriales y tecnológicas existentes en España».
La unión industrial ya se produjo en Tess Defence, que fabrica el blindado 8×8 y debería fabricar el VAC, un proyecto estancado por falta de ejecución presupuestaria que tiene paralizadas parte de las fábricas de Santa Bárbara. Por su parte, Indra se encuentra en una carrera desbocada para encontrar fábricas que pueda tener en marcha a finales de año para fabricar la artillería. De ahí, la opción de hacer una joint-venture que no estaría exenta de escollos. Los mercados de hecho hacen caer la acción de Indra porque descuentan la pérdida de más de 1.000 millones en ingresos que supondría esta fórmula para la entidad. Pero para Indra la prioridad es cumplir con defensa y prepararse para no perderse los nuevos contratos que llegarán este año.
El director de Indra Land Vehicles, Frank Torres, aseguró la semana pasada en París que harían falta dos fábricas más y que debían «concretarse de forma rápida». En este contexto, la compañía ha hecho una importante campaña pública junto al Gobierno de Asturias para que Duro Felguera le venda su taller de Langreo, al considerarla la mejor opción posible, pero la empresa, recién salida del concurso, no quiere ceder en el precio. Por ello, el grupo mira alternativas en León o en la zona de As Pontes.
Ante esta tesitura, la opción de Santa Bárbara, que tampoco tiene una capacidad sobrante excesiva, emerge como la alternativa, aunque quedarían factores importantes por resolver. Uno de ellos es si se rompería alguno de los acuerdos con Rheinmetall, que aún no está firmado, o el grupo coreano Hanwha para utilizar las plataformas de Santa Bárbara y cómo se conciliaría eso con el requisito de Defensa de contar con un proyecto con autoridad de diseño que permita exportar los nuevos vehículos en España. En juego, dos programas de 7.200 millones que en un inicio se repartirían a medias entre Indra y Escribano, que resultarían como el adjudicatario mayoritario de estos planes si Indra decide repartir su parte con Santa Bárbara.
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